Universidad Nacional de Córdoba

Postal de época. Córdoba. Universidad con el monumento de su fundador Fray Fernando Trejo y Sanabria. S/f.
Córdoba ciudad, República Argentina.

(MLP│Marcelo Loeb Postcards)(SKU: 271059498645)(Gentileza Marcelo Loeb)
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Universidad Nacional de Córdoba│UNC
Córdoba. República Argentina.

Orígenes
El origen de la Universidad Nacional de Córdoba se remonta al primer cuarto del siglo XVII, cuando los jesuitas abrieron el Colegio Máximo, donde sus alumnos –en particular, los religiosos de esa orden– recibían clases de filosofía y teología. Este establecimiento de elevada categoría intelectual fue la base de la futura Universidad.
Bajo la tutela de los jesuitas y el impulso del Obispo Juan Fernando de Trejo y Sanabria, en 1613, aunque no estaba autorizado para otorgar grados, se iniciaron los Estudios Superiores en el Colegio Máximo de Córdoba.
El Breve Apostólico del Papa Gregorio XV, fechado el 8 de agosto de 1621, otorgó al Colegio Máximo la facultad de conferir grados, lo que fue ratificado por el monarca Felipe IV, a través de la Real Cédula del 2 de febrero de 1622.
A mediados de abril de ese año, el documento llegó a Córdoba y el Provincial de la Compañía, Pedro de Oñate, con el acuerdo de los catedráticos, declaró inaugurada la Universidad.
Oñate redactó el reglamento del organismo, cuyos títulos tenían validez oficial. Con el nacimiento de la Universidad Nacional de Córdoba, familiarmente llamada Casa de Trejo, comenzó la historia de la educación superior en la República Argentina.

Primeras reformas académicas
Los jesuitas estuvieron a cargo de la Universidad hasta 1767, cuando fueron expulsados por resolución del Rey Carlos III. Así, la dirección de la Casa pasó a manos de los franciscanos. Durante el siglo y medio en que se extendió la administración jesuítica, la Universidad tuvo un perfil exclusivamente teológico-filosófico.
Vinculados a la Universidad estaban los Colegios Mayores, entre los que cabe mencionar el de Monserrat, fundado en 1687 por el Presbítero Doctor Ignacio Duarte y Quirós.
A fines del siglo XVIII, por disposición del Virrey Nicolás Antonio Arredondo, se incorporaron los estudios de leyes. Esto marcó el nacimiento de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales en 1791. Así, la Universidad de Córdoba, tras un siglo y medio de existencia, dejaba de ser exclusivamente teológica. Poco antes de terminar el siglo, la sociedad recibía los primeros graduados en leyes.
Conflictos entre franciscanos y el clero secular en disputa por la dirección de la Universidad, trajeron aparejado el re-bautismo del establecimiento, por Real Cédula del año 1800, que pasó a denominarse Real Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat.
Se le otorgan los privilegios y prerrogativas de las universidades mayores existentes en España y América, y alcanzó el doble título de Real y Pontificia. Esta Real Cédula se ejecutó en 1808 con el nombramiento del Deán Dr. Gregorio Funes como Rector y demás autoridades. Desde entonces, el clero secular desplazó a los franciscanos de la conducción universitaria.
El Deán Funes, de espíritu progresista y abierto a los nuevos desarrollos de la ciencia y la técnica, proyectó profundas reformas de los estudios y la introducción de nuevas materias, como aritmética, álgebra y geometría, entre otras.
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La idea de ubicar a todas las facultades de la UNC en un mismo predio alejado del centro, fue esbozada por primera vez en 1909, cuando el gobierno nacional aprobó un contrato por 20 mil pesos con el arquitecto Juan Kronfuss, para proyectar la Ciudad Universitaria de Córdoba en un predio de 10 hectáreas- Según el proyecto de Kronfuss, la Ciudad Universitaria estaría compuesta por una gran masa edilicia donde se ubicarían el Colegio Nacional, Seminario, Facultad de Derecho, edificio de administración, secciones de arquitectura, ingeniería civil, mecánica, ciencias naturales, Facultad de Medicina, edificio de anatomía, secciones de química y de física. Además, contaría con un gran patio de honor y una avenida que separaría al predio en dos sectores. No obstante las visitas de Kronfuss y la confección de su proyecto, debido a algunas desavenencias entre las autoridades nacionales, locales y universitarias, la construcción de la Ciudad Universitaria en Córdoba se concretaría cuarenta años después.

El terreno en el que actualmente está emplazada la Ciudad Universitaria perteneció originalmente a la Escuela Práctica de Agricultura y Ganadería de la Nación, una institución modelo creada en 1899, durante la presidencia de Julio A. Roca, y que recién en 1949 fue trasladada definitivamente a la ciudad de Bell Ville. En 1902 comenzaron las clases de agricultura en este predio, donde se habían erigido algunas construcciones. El actual pabellón Brujas fue acondicionado como vivienda del director de la institución.

La Cabaña, el Brujas, el Gris, el Granero -que fue demolido- y el edificio que actualmente ocupa el Centro de Investigaciones Acústicas y Luminotécnicas (Cial), de la Facultad de Arquitectura, son las construcciones más antiguas que se conservan en la Ciudad Universitaria. También de esa época subsiste la laguna de los patos, que fue remodelada en diferentes oportunidades hasta adquirir su fisonomía actual.

Mientras la Universidad iniciaba los primeros trámites para la obtención de los terrenos señalados y se realizaban los primeros intentos de planificación, en 1949 el gobierno provincial había iniciado conversaciones con la Fundación Eva Perón, con el fin de darle un destino a las tierras que había desocupado la Escuela de Agricultura, tras ser trasladada a Bell Ville. En el acto de escrituración, llevado a cabo el 21 de julio de 1952, la provincia cedió a la Fundación dos parcelas de terreno: Una estaba compuesta de 12 hectáreas, en la que la Fundación debía construir en el término de cinco años el Hogar de Ancianos (luego Casa de Gobierno) y el Hogar Escuela de Niños (hoy Hogar Escuela Pablo Pizzurno) y en la otra, de 70 hectáreas, debía levantarse la ‘Ciudad Universitaria Estudiantil’ en un plazo de tres años.

A pesar de las voces críticas y de las tensiones con las autoridades universitarias, la Fundación continuó con su plan y solicitó ayuda al Ministerio de Obras Públicas de la Nación, que encargó el diseño del proyecto al arquitecto porteño Jorge Sabaté. El plan general de la Ciudad Universitaria comprendía la construcción de una serie de pabellones, que se sumaban a los viejos, aunque reparados, edificios de la antigua Escuela de Agricultura. Se los denominó con el nombre de países como España, México, Francia, Chile, Perú y el Presidencial. Además de los pabellones construidos, se proyectaron los edificios de Italia, Alemania, Holanda, Escandinavia, Estados Unidos, Brasil e Inglaterra que nunca llegaron a concretarse.

Producida la Revolución Libertadora en 1955, y bajo los lineamientos de la nueva dictadura, se desarticuló el proyecto de la “Ciudad Universitaria Estudiantil”, ideado por los peronistas. Finalmente, el 3 de septiembre de 1957, la Universidad recibió los ocho pabellones edificados: Perú, Chile España, México, Francia, Profesores, Administración y Esparcimiento. Sin embargo, hubo que esperar hasta 1960, para que finalmente el gobierno provincial, a cargo de Arturo Zanichelli, aprobara la donación de los terrenos fiscales provinciales a la Universidad. Asimismo, se traspasaron los viejos edificios que integraban la ex Escuela de Agricultura y 82 hectáreas de terreno.

La Universidad Nacional comenzó la construcción de nuevos edificios, como la Facultad de Ciencias Económicas (1965) y la extensión de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (1968-1972), diseñadas por el estudio de los arquitectos Taranto, Díaz, Hobbs y Revol, cuyos volúmenes compactos son acentuados por el uso del hormigón armado y parasoles, mostrando una modernidad de influencia brutalista.

En las últimas décadas, el arquitecto Miguel Ángel Roca diseñó en esta área, además del edificio para sede del Consejo Superior llamado “Claustrorum”, una serie de facultades que se distinguen por su versatilidad y riqueza, expresadas en la contundencia tectónica de sus volúmenes posmodernos, integrados al parque que los rodea.

Emblemas y celebraciones
El escudo de la Universidad Nacional de Córdoba cambió a través del tiempo según la dependencia orgánica correspondiente a cada época: jesuítica, franciscana, clero secular, provincial y nacional. No obstante, las diversas versiones mantienen un simbolismo similar, con diferencias en la forma de los dibujos o con elementos suprimidos o agregados.
Entre las inscripciones que lleva el emblema, se destaca una banda con el lema en latín "Ut Portet Nomen Meum", que significa "para que lleven mi nombre", y el distinto jesuítico "JHS": Jesus Hominum Salvator.
Si bien la UNC es una institución laica, algunas ceremonias de tipo religioso –originadas en la antigua universidad– aún se celebran. Por ello esta Casa de Estudios tiene como Patrona a la Inmaculada Concepción, cuya fiesta se celebra oficialmente todos los 8 de diciembre en la Iglesia de la Compañía, desde que el Claustro lo decidió en 1678. En esa fecha se realiza todos los años el acto de cierre del ciclo lectivo, presidido por el rector de la Universidad.

Evolución histórica del escudo de la UNC
Desde sus orígenes, el escudo de la UNC se ha representado de diferentes maneras, muchas de las cuales implicaron cambios considerables en la morfología del emblema.
De todos modos, todos los modelos guardan una relación entre sí y con el signo original. La forma actual, vigente desde 1882, es la que más tiempo ha perdurado. Además de constituir la forma más conocida, por la amplitud de su uso, tiene un importante valor semántico.

Rediseño de la heráldica
Desde su origen jesuítico hasta su nacionalización, la Universidad Nacional de Córdoba fue mutando sus identificadores visuales en diversas oportunidades, pero su escudo -o Sello Mayor- logró constituirse en un signo que faculta una asociación directa con su historia, trayectoria y valores.
El rediseño de la heráldica encarado por el Área de Diseño y Producción Gráfica y Editorial de la Prosecretaría de Comunicación Institucional estuvo centrado en la corrección estilística, pero fue llevado a cabo con la precaución de mantener intactas las referencias semánticas (significación) del escudo.
Así, el nuevo diseño es resultado de proceso de abstracción que busca sintetizar conceptos como solidez, juventud, modernidad y actualidad. Conserva y respeta cada uno de blasones del emblema original, para garantizar la preservación del valor simbólico y semántico propios del modelo que se utiliza desde 1882. No obstante, para posibilitar su adaptación a los soportes y sistemas de impresión vigentes, se trabajó especialmente en su forma, procurando alcanzar el mayor grado de síntesis sin perder la representación original y sin descartar ninguno de sus componentes.
En términos gráficos, la nueva versión soporta reducciones de hasta 7 milímetros de alto sin perder la legibilidad. Fue desarrollada teniendo en cuenta la posibilidad de reproducción en una amplia gama de sistemas de impresión: offset (tradicional, digital y de rotativa), serigrafía (para impresión en telas, plásticos, etcétera), grabado láser (para madera, metal, mármol, vidrio, acrílico), plotter de impresión (con tintas al agua y al solvente) y de corte (vinilos y telas especiales), y bordados sobre diferentes tipos de tela, entre otros.

(Universidad Nacional de Córdoba - UNC│Córdoba. República Argentina)(www unc.edu.ar/)(WF INC.│Wikimedia Foundation, Inc.)

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