El Primer Automóvil

''Primer Automóvil''
Este es el primer vehículo sin caballo que comenzó a circular en la ciudad de Córdoba.
El hecho es de por sí significativo. Si es significativo para los hombres, lo es tambien para los caballos. Marca el comienzo de la liberación equina. El caballo, atado hasta ese entonces a las vicisitudes humanas, a los vehículos o al palenque, puede retornar desde ahora, a su bohemia campesina.
En este proceso, que lleva del caballo al automóvil, algo de caballo perduró en el automóvil: el caballo de fuerza. Sin embargo el caballo de fuerza es la figura ideal del caballo caballo. Es conservar la raza equina en forma matemática. Es platonizar al caballo. En tal sentido, es un homenaje del hombre al caballo.
Etomológicamente, ''automóvil'' es lo que se mueve a sí mismo, lo que funciona solo. Por ello, el señor que lo conduce, puede considerarse una pieza más de aquel raro artefacto. Pues si su conductor no fuera parte del automóvil, éste dejaría de ser tal, etimológicamente hablando. Ello nos lleva, claro está, a problemas difíciles de resolver.
Este es el primer automóvil que comenzó a circular en Córdoba. Por el año 1906.
Aquí aparece en el Parque Sarmiento. Lo conduce don Julio Nacera, a quien acompaña su familia. Nos permitimos suponer que aquella ha de haber sido una familia muy especial. Debido al automóvil es casi seguro que se los localizaba constantemente. Si se trasladaban de un lugar a otro, aquel ruido de automóvil, tan particular, tan extraño, permitiría a todos inferir la presencia de los Nacera. Si se detenían en cualquier parte, allí estaba ese aparato que desviaba inevitablemente la atención hacia ellos.
Si se oía el ruido del automóvil, la ciudad sin duda, permanecía tranquila. Si el ruido cesaba, todos preguntarían azorados: ''¿Dónde estan los Nacera?''.
El automóvil hizo seguramente que los Nacera se volvieran famosos y fueran algo así como el Cabildo, la Iglesia o la Plaza. Súbitamente se quedaron sin vida privada. Sus vidas se transformaron en el material de toda conversación. Para iniciar una charla, o en una reunión aburrida, el tema de los Nacera sería tan adecuado como el del tiempo. El automóvil había logrado que careciesen de secretos y que cuando se reuniesen con sus amigos, no tuvieran novedades que contar pues ya eran novedades conocidas.
El martirio habrá continuado hasta el día feliz en que don Julio Nacera, al doblar la esquina, se encontró con el segundo automóvil.

Luis J. Fonti.
Foto perteneciente a la colección del Padre Pedro Grenón S.J.
Fuente: Revista Gacetika Nº 57 -Octubre 1962-, páginas 6 y 7.

''Primer Automóvil''

Este es el primer vehículo sin caballo que comenzó a circular en la ciudad de Córdoba.
El hecho es de por sí significativo. Si es significativo para los hombres, lo es tambien para los caballos. Marca el comienzo de la liberación equina. El caballo, atado hasta ese entonces a las vicisitudes humanas, a los vehículos o al palenque, puede retornar desde ahora, a su bohemia campesina.
En este proceso, que lleva del caballo al automóvil, algo de caballo perduró en el automóvil: el caballo de fuerza. Sin embargo el caballo de fuerza es la figura ideal del caballo caballo. Es conservar la raza equina en forma matemática. Es platonizar al caballo. En tal sentido, es un homenaje del hombre al caballo.
Etomológicamente, ''automóvil'' es lo que se mueve a sí mismo, lo que funciona solo. Por ello, el señor que lo conduce, puede considerarse una pieza más de aquel raro artefacto. Pues si su conductor no fuera parte del automóvil, éste dejaría de ser tal, etimológicamente hablando. Ello nos lleva, claro está, a problemas difíciles de resolver.
Este es el primer automóvil que comenzó a circular en Córdoba. Por el año 1906.
Aquí aparece en el Parque Sarmiento. Lo conduce don Julio Nacera, a quien acompaña su familia. Nos permitimos suponer que aquella ha de haber sido una familia muy especial. Debido al automóvil es casi seguro que se los localizaba constantemente. Si se trasladaban de un lugar a otro, aquel ruido de automóvil, tan particular, tan extraño, permitiría a todos inferir la presencia de los Nacera. Si se detenían en cualquier parte, allí estaba ese aparato que desviaba inevitablemente la atención hacia ellos.
Si se oía el ruido del automóvil, la ciudad sin duda, permanecía tranquila. Si el ruido cesaba, todos preguntarían azorados: ''¿Dónde estan los Nacera?''.
El automóvil hizo seguramente que los Nacera se volvieran famosos y fueran algo así como el Cabildo, la Iglesia o la Plaza. Súbitamente se quedaron sin vida privada. Sus vidas se transformaron en el material de toda conversación. Para iniciar una charla, o en una reunión aburrida, el tema de los Nacera sería tan adecuado como el del tiempo. El automóvil había logrado que careciesen de secretos y que cuando se reuniesen con sus amigos, no tuvieran novedades que contar pues ya eran novedades conocidas.
El martirio habrá continuado hasta el día feliz en que don Julio Nacera, al doblar la esquina, se encontró con el segundo automóvil.

Luis J. Fonti.
(Foto perteneciente a la colección del Padre Pedro Grenón S.J.)(Fuente: Revista Gacetika Nº 57 -Octubre 1962-, páginas 6 y 7)

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