Humor en Córdoba

La Esposa. ─ ¡Enrique! Nos hemos olvidado de algunos baúles.
Enrique. ─ Gracias a Dios.

Asi reza esta humorada gráfica, publicada en el diario 'Los Principios' en su edición del Lunes 9 de Abril de 1928.
Córdoba ciudad, República Argentina.

(HLPC│Hemeroteca Legislatura de la Provincia de Córdoba)

El humor de Córdoba

El humor de Córdoba registra su antecedente en pequeñas letrillas que el ingenio popular manifestaba contra ciertas autoridades. Estas formas de expresión se hicieron más habituales después de Mayo de 1810, ya que este fenómeno, parcialmente, responde a un proceso que se produce en el continente americano donde a medida que pasa el tiempo se acentúa la división política entre criollos y españoles.

Estas letrillas además de recitarse, en innumerables casos estampan sus primeros versos en los muros de las capillas, los claustros y las casas reales, lugares claramente visibles para el público lector letrado de la época y para el no letrado también, pues se las ingeniaban de alguna forma para enterarse de lo que estaba escrito en los murallones.
El tono de las letrillas y de los grafitis de los templos era de tipo sarcástico propio de la crítica al proceder público y social de la época.(1)
Lo que sí ha permanecido casi invariable y típicamente cordobés en el habla popular y arrabalera ha sido la característica ‘tonada’: el alargamiento de la sílaba pretónica de las últimas palabras de la oración, que según Bertil Malmberg, Antonio Catinelli y Domingo Bravo es una supervivencia del idioma hablado por los indígenas sanavirones.
Dos facetas distintas, si no contrapuestas presentaba la psicología de aquellos desclasados y marginales del suburbio cordobés: el sentido del humor y el sentimiento mágico de la existencia.

El humor de Córdoba se resume en tres categorías vitales: el “cuento” (una historia jocosa), la “salida” ingeniosa, y la invención de “apodos”.
El primero tiene una larga tradición y ha contado siempre con la adhesión entusiasta de todos los sectores sociales, tanto que el ser ‘cuentista’ es un verdadero arte, del que ha vivido más de un intérprete. Lo eran, además de cantores y guitarreros, gran número de personajes de la bohemia suburbana, allá por los años Veinte y Treinta (s XX), y lo serían después los muy conocidos “Negro ‘e la Juana (Aníbal Aráoz), Luis Fernando Correa (“El Pícaro Cordobés”) y Elvio “Modesto” Tissera. Todos estos cuentistas han resumido en sus chistes e historias –como después lo hiciera gráficamente la revista “Hortensia”- lo que tiene de más esencial el humorismo de Córdoba, tan distinto al de Buenos Aires.
El humor porteño es –no obstante el auto convencimiento del porteño acerca de su propia viveza- ingenuo y elemental. Precisa de las situaciones más exageradas del grotesco y muchas veces hace reir más con la morisqueta tonta que con el argumento del cuento. La ‘cancha’ porteña es una manera de reírse a costillas del prójimo, disminuyéndolo.

En cambio el cordobés del suburbio ha sabido captar con extraordinaria sensibilidad el más escondido absurdo de una situación o ha hecho jugar los contrastes poniendo de relieve la contradicción entre lo evidente de una situación y la creencia que acerca de ella tiene el sujeto pasivo del chiste, autor de una pregunta tonta.
Un clásico de la antología del chiste ingenioso será aquel realizado hace medio siglo atrás por el Cabeza Colorada al conductor de un tranvía que bajaba por la vieja calle Bolívar. El Caballo que arrastraba el vehículo había resbalado en la curva que esa arteria hace a la altura del 500 y había caído. El uniformado responsable estaba bregando en medio de la llovizna nocturna por hacer levantar al animal cuando acertó a pasar por allí el Cabeza Colorada con sus amigos, de regreso de una guitarreada. Ver el cuadro y decirle:
─ “Echale un seis, varón”, fue todo uno.
El guarda, sorprendido, le pregunta entonces:
─ “Un seis … ¿para qué?”

─ “Para que hagái escoba y lo levantéi, sonso …”
le contestó tranquilamente Llanes siguiendo su camino.(2)

Otra veta del humor cordobés son los apodos, en los que el hombre del suburbio ha desarrollado una inspiración inigualada para advertir el parecido físico o espiritual de un sujeto con otras entidades del mundo circundante.
Así por ejemplo, supo bautizar como “sapo con paperas” a un moreno de cutis cetrino y abultada papada, “carbón con pelo” a un boxeador muy negro y de recia pelambre, “Llora sangre” al que padecía de irritación permanente en sus ojos, “Ojos de botín cambiado” a los estrábicos, “Engrupebaldosas” a los rengos, “Astrónomos” a los tuertos, “lombriz fajada” a los muy delgados, “Cara de otro” a uno cuya cabeza no guardaba relación con su cuerpo, “Sandía con patas” a los gordos y “Galpón de ideas” o “Cabeza de sonajero para entretener elefantes” a los muy cabezones o “Cabeza de rodilla fuera del agua” o de “cucharón dado vuelta” a los calvos, “Cara de molde para hacer municiones” a un rostro muy picado de viruelas, y así siguiendo.
El hombre y la mujer del arrabal que así derrochaban su ingenio, vivían empero inmersos en un universo mágico –con sus cultos casi heréticos, sus “aparecidos” y sus “curanderos” milagrosos- en el que cada acto de la vida cotidiana adquiría un segundo significado, un significado maravilloso que ponía color en esas vidas desesperanzadas.(3)

La literatura humorística del siglo XIX y principio del siglo XX
Pensemos que el humor tiene la particularidad de atravesar diferentes géneros y estratos sociales. Lo curioso, entonces es poder demostrar a través de estudios recientes la presencia permanente de poetas, en su mayoría ignotos, a lo largo de la historia de Córdoba, con una fuerte inclinación a la escritura en clave humorística.
De este rastreo se ocupa el escritor Prudencio Bustos Argañaraz, en su libro Antología de la Poesía Burlesca (2005), donde revela la vena poética satírica de muchos poetas que habitaron estas tierras. De todas maneras, se puede decir a grandes rasgos que, desde el período correspondiente a la guerra por la independencia hasta cerca de los finales de la década del '30 o comienzos del '40, la poesía satírica tuvo una gran aceptación en todos y cada uno de los estratos sociales, aunque los registros que más se han encontrado pertenezcan a autores letrados, debido al acceso directo a la escritura, al soporte papel y a los ambientes ilustrados.
Por otra parte, es posible considerar que la poesía satírica en Córdoba, tuvo dos momentos claves:
a. El período correspondiente a la guerra por la independencia que implica algo del período precolonial y algunos años después como consecuencia de las luchas suscitadas entre criollos y españoles.
b. El final del siglo XIX con la irrupción de la prensa local que se extiende hasta la primera década del siglo XX, cuando otros géneros comienzan a consolidarse como el de la poesía gauchesca y la música ciudadana.
Esto explicaría, en parte, por qué el poeta cordobés don Luis de Tejeda y Guzmán, (1604-1680) considerado el primer poeta argentino por la crítica, no escribió poemas de carácter satírico. Aunque se conoce de él una comedia inspirada en su vida licenciosa, al estilo de la picaresca española. Asimismo, este no se trata para nada de un fenómeno aislado, pues está constantemente contaminado por otras situaciones socioculturales que le dieron riqueza y complejidad, dado que la poesía satírica fundamentalmente tuvo como propósito la derrota del contrario, como subraya Prudencio Bustos Argañaraz en su prólogo: “Además, en la contienda intelectual a la que los cordobeses somos tan proclives, ningún recurso es más eficiente para derrotar al adversario que ridiculizarlo”.(1)

Breve Nota sobre la Tonada Cordobesa
─ Por Denis Conles ─
Muchas familias tradicionales de Córdoba fueron fundadas por inmigrantes procedentes del antiguo Reino –y actual Comunidad Autónoma- de Galicia. Gran parte de ellos (los Fragueiro, Martínez, Maceda, Caeiro, Nores, del Viso, Lozada, etc.) eran naturales de la villa de Marín, o de su zona, situada sobre la ría de Pontevedra. Como en esa comarca el gallego-portugués se habla con una tonada que presenta cierto parecido con la cordobesa, en los círculos culturales de la colectividad gallega de la Argentina se llegó a sugerir la posibilidad de que aquellos inmigrantes hubieran influido en el habla de nuestra Córdoba.
La primera objeción que se puede hacer a esta hipótesis, se basa en el hecho de que la inmigración a que nos referimos se desarrolló a partir de mediados del siglo XVIII, cuando la sociedad cordobesa –y seguramente su peculiaridad lingüística también- ya estaba suficientemente consolidada. Por otra parte, el autor de esta nota consultó el caso en 1983 con la destacada lingüista gallega profesora María do Carmo Henríquez Salido –doctora en Filología románica por la Universidad de Santiago de Compostela y Presidenta de la “Associaçom Galega da Lingua”-, que explicó que el habla de Marín, aunque pueda presentar algún parecido con la de Córdoba, no responde a las mismas características y sostuvo que las peculiaridades de la pronunciación cordobesa proceden sin duda del sustrato indígena.
Es este sustrato, en definitiva, por mediación de las nodrizas, domésticas, ayos y demás empleadas/os de servicio, en cuya compañía pasaban largas horas los vástagos de las familias aristocráticas, el que determinó la presencia del “cantito” cordobés en algunos sectores de la clase alta de nuestra culta ciudad.

Córdoba, 12 de diciembre de 1986.(3)

"El humor es hasta más complejo que la literatura. La literatura tiene humor. La obra de Borges, por ejemplo, está cruzada por el humor. El humor es cosa seria, tiene que ver con el uso de la inteligencia, una salida diferente a la habitual”.(4)

“El rasgo principal del humor cordobés es la rebeldía; el cordobés siempre, por las dudas, va a decir que no”.(4)

“El cordobés habla en frase: no dice “te veré” dice “te voy a ir a ver”, usa tres verbos para decir uno sólo. Tiene una creatividad lingüística muy fuerte. Además, y esta es una teoría personal que a menudo discuto con antropólogos, el cordobés es risueño porque los comechingones lo eran: vivían al lado del río Suquía, tenían la pampa más importante con su riqueza para ellos y una naturaleza y un clima espectaculares. Todo eso, de seguro, genera bienestar”.(4)

Periódicos relacionados al humor, relevados por el Rvdo. Padre Pedro Grenón S.J.
1- El Mosquito –año 1867- │periódico satírico, burlesco, literario y de costumbres.
2- El Patriota –año 1867- │periódico político y satírico.
3- La Carcajada –año 1871- │periódico semanal jocoserio, burlezco y literario.
4- El Cascabel –año 1871- │periódico joco-serio.
5- La Verdad Desnuda –año 1871- │periódico satírico.
6- El Alfiler –año 1876, de Río Cuarto- │ periódico satírico y burlesco.
7- El Picaflor –año 1876, de Río Cuarto- │ periódico humorístico.
8- El Jaspe –año 1877- │periódico de caricaturas.
9- El Huascar –año 1878- │periódico satírico, burlesco y de caricaturas.
10- La Alianza –año 1885- │periódico de caricaturas.
11- Don Juan sin Miedo –año 1886- │ periódico de caricaturas.
12- El Látigo –año 1891- │periódico de caricaturas.
13- El Octavo Mandamiento –año 1894- │periódico satírico y jocoserio.
14- El Bachiller Carambola –año 1897- │semanario satírico impolítico y de caricaturas.

Fuentes
(1) Diccionario crítico de términos del humor y breve enciclopedia de la cultura humorística argentina. Aproximaciones al humor de Córdoba. Stella Maris Navarro Cima.
(2) La Tradición oral sobre el “Cabeza Colorada” es aún muy viva en el ambiente de la bohemia musical de Córdoba. Estas y otras anécdotas me fueron proporcionadas por el gran guitarrista “Coco” Di Franco, cuyo padre fue compañero de andanzas de Llanes.
(3) “La Mala Vida en Córdoba (1880-1935) Roberto A. Ferrero
(4) Stella Navarro Cima, integrante del Grupo de Investigación del Humor (GIH) de la Universidad Nacional de Córdoba.

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