Normal Superior Dr. Alejandro Carbó

Escuela Normal de Maestras. Año 1927.
Córdoba ciudad, República Argentina.

Dpto. Documentos Fotográficos. Inventario 23168. Caja 3023. Buenos Aires. Argentina. (AGN│Archivo General de la Nación)

Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó
─ por Carlos A. Page ─

Un especial empeño el Estado Argentino sostuvo en la construcción de edificios para Escuelas Normales. Un interés claramente manifiesto en la monumentalidad y jerarquía que se consiguió para estos ámbitos surgidos como verdaderos "templos del saber".
Estos testimonios arquitectónicos aparecieron en un contexto con no pocas dificultades, centradas en los enfrentamientos entre el Estado y la Iglesia y entre la administración nacional y la provincial.
El proceso educacional iniciado durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento, significó el pasaje hacia un sistema educativo inserto en un proyecto político nacional, de significativa trascendencia latinoamericana.
Este proyecto estaba inmerso en un contexto de notable prosperidad, iniciada luego de concluida la guerra del Paraguay. Fue acompañado por una fuerte inmigración, extensión de vías férreas y telegráficas, como a su vez un notable desarrollo en la política cultural que abarcó desde la creación de numerosas escuelas hasta la fundación de la Academia Nacional de Ciencias y el Observatorio Astronómico.
Las demandas por la educación se tradujeron en propuestas arquitectónicas acordes a la importancia que se le asignó a la formación en todos los niveles. La monumentalidad y ornamentación de estos ámbitos, estuvieron ligados justamente al grado de importancia que tomó la educación a partir del proyecto de país que se va gestando en el período que comprende las últimas tres décadas del siglo XIX y la primera del XX.
Asi tal es la aparición de las Escuelas Normales en Argentina y como caso particular los ejemplos edilicios materializados en dos establecimientos provinciales y uno nacional construidos en la ciudad de Córdoba.

La Creación de la Escuela Nacional Normal
Luego de consolidada la “unión nacional”, los primeros mandatarios nacionales evidenciaron un particular interés por la promoción de la instrucción pública, comprometiéndosen ellos a la tarea decisiva del establecimiento de las piedras angulares de cada uno de los ciclos básicos de la enseñanza.
Esta transformación operada en la educación, presentó alternativas de clara orientación política que, con marcadas diferencias, propugnaban Juan B. Alberdi y Domingo F. Sarmiento. El primero quería “una educación en relación directa con la economía desarrollada, basada en el comercio de materias primas y en la creación de industrias locales”, mientras que el segundo sostuvo “una enseñanza concentrada en la agronomía y en la minería desechando no sólo la industria sino también la ganadería”. Estos proyectos se diferenciaron por el valor asignado a la educación en el proceso de cambio social.
Pero ante estas propuestas, el grupo dirigente no le asignó a la educación una función económica, por cuanto los cambios ocurridos con posterioridad no implicaron la necesidad de recurrir a la formación local de recursos humanos. De tal forma que la estructura del sistema educativo cambió sólo aquellos aspectos susceptibles de interesar políticamente y en función de ese mismo interés se mantuvo la enseñanza alejada de las orientaciones productivas.
Estas motivaciones políticas impulsaron el desarrollo de la educación y le dieron un carácter formativo general y netamente enciclopedista, favoreciendo la enseñanza media que absorbió la mayor parte del presupuesto gubernamental. El objetivo principal fue el de preparar maestros para la escuela primaria en expansión, orientando los estudios pedagógicos hacia una formación científica que influiría notablemente en la calidad de la enseñanza.
En este contexto apareció la Escuela Normal, como un tema fuertemente debatido en el Congreso Pedagógico de 1822, donde un capítulo entero de sus resoluciones estuvo dedicado a la organización y profesionalización del personal docente.
La enseñanza normal se consolidó en la tan mentada Ley 1420 de 1884, en que se subordinó dicha formación a la jurisdicción del Consejo Nacional de Educación. Sin duda que como antecedente de estos establecimientos, la Escuela Normal de Paraná constituyó, desde 1870, el embrión de los cuadros docentes que Sarmiento tanto incentivó desde su presidencia (1868-1874). Desde entonces y hasta el año 1900 el Estado Nacional creó 38 establecimientos de enseñanza normal, de los cuales 24 fueron erigidos en la década de 1880, constituyéndose en el período de mayor impulso.
Los debates del Congreso Pedagógico fueron el cierre de una larga serie de iniciativas tendientes a la creación de Escuelas Normales3 . Efectivamente y por sólo mencionar un ejemplo, fue en Córdoba en 1867 cuando el doctor Fenelón Zuviría, como Inspector General de Escuelas de la Provincia, solicitó infructuosamente al gobierno la creación de dos Escuelas Normales. Incluso el Ministro de Hacienda de la provincia Tomás Garzón reconoció en su Memoria a las Cámaras Legislativas de 1871 que era indispensable para la instrucción pública contar con una Escuela Normal donde se formen preceptores que se dediquen a la enseñanza de la juventud.
Pero fue en 1877 que el presidente Nicolás Avellaneda, a través de su Ministro de Instrucción Pública doctor José María Gutiérrez, impulsó idéntica iniciativa ante el gobierno provincial. En tal sentido le expresó al mandatario que la Ley del 13 de octubre de 1875 lo facultaba para crear Escuelas Normales en el ámbito nacional, siempre y cuando los gobiernos locales proveyeran de un edificio adecuado. Esto significa, que tanto los gobiernos provinciales o municipales debían costear las obras de un nuevo edificio o bien acondicionar un inmueble de su propiedad. Esta condición era prioritaria y sólo después de cumplida el Estado Nacional se haría cargo de los gastos que originaran las escuelas.
De tal forma, el ámbito educativo se convirtió en un tema de suma preocupación para las autoridades de entonces y será al que nos referiremos en particular.
El mismo Sarmiento dentro de una extensa nómina de referencias sobre la arquitectura educacional, escribía que los edificios deben ser construidos con “cierto gusto, y con lujo de decoración, que habitúe los sentidos a vivir en medio de estos elementos inseparables de la vida civilizada”.

Propuestas y realizaciones en Córdoba
A escasos meses de recibida la propuesta del presidente Avellaneda para Córdoba, motivó al gobierno de la mencionada provincia a la creación de la “Escuela Graduada de Mujeres”, cuya existencia se prolongó hasta 1884. Quizás también puede interpretarse su aparición como un rechazo y reticencia a la propuesta nacional, fundada en el localismo tradicional que separó históricamente la metrópoli con el interior del país.
Sin embargo, el Ministro Gutiérrez obtuvo una respuesta de parte del gobierno local en la que se disculpó por no encontrar un sitio adecuado. Pero seguidamente le requirió información sobre las dimensiones del edificio y en lo posible, un detallado plano u otros proyectos construidos en el país, para abocarse a la búsqueda de un terreno. Esta respuesta postergaba una contestación definitiva que, como vimos, quedó implícita en el decreto provincial del 27 de Abril de 1878 que creó la Escuela Graduada. Cabe destacar que la misma contó con la vigilancia de la Sociedad de Beneficencia, como recordara el gobernador Antonio del Viso en su mensaje de apertura de las sesiones legislativas de 1879.
La idea de instalar una Escuela Normal Nacional en Córdoba tomó nuevos impulsos con la presidencia de Julio A. Roca (1880-1886). Los actores cambiaron pero la insistencia del gobierno nacional fue la misma. Aunque la respuesta del gobierno provincial fue diferente. Efectivamente, en la carta del 9 de noviembre de 1880, firmada por el gobernador Miguel Juárez Celman y su ministro Saturnino Torres, se ofreció la Escuela Graduada de Maestras como base para la instalación de su análoga nacional. Allí mismo se recuerda que el gobierno provincial le había cedido tiempo atrás a la Nación las instalaciones del Colegio Nacional de Monserrat que contaba con la antigua y abandonada ranchería de los esclavos de los jesuitas expulsos, ubicada en la manzana continua, y que podría ser el sitio adecuado para la construcción de la Escuela Normal.
El gobierno nacional aceptó la propuesta y subsanado aparentemente este requisito, el 1º de Febrero de 1884 sancionó la ley nacional que dio origen a la Escuela Normal Nacional de Maestras en Córdoba. En este instrumento legal, además de otras consideraciones, se nombró a Francisca G. Armstrong como directora. Fue una recordada norteamericana, protestante de religión, que llegó a nuestro país en 1879 por encargo del presidente Sarmiento, quien la destinó en principio para la Escuela Normal de la provincia de Catamarca.
De esta manera surgió el instituto de enseñanza, envuelto en evidentes luchas ideológicas hostiles y que no se diluyeron con facilidad, puesto que encontró en la Iglesia su principal opositor. Había fallecido el prudente obispo fray Mamerto Esquiú y en el Ministerio de Instrucción Pública se nombraba al temperamental doctor Eduardo Wilde, con lo que el nuevo panorama trajo consigo un incremento en los enfrentamientos.
La posibilidad de funcionar en los terrenos del Colegio Nacional fue rápidamente descartada y el 30 de abril de 1884 el ministro le envió al gobernador una copia del decreto de aceptación del nuevo edificio ofrecido por la provincia y la propuesta de acondicionamiento necesaria.
Es así que la Escuela Normal abrió sus puertas el 2 de junio de 1884 en la desaparecida casona ubicada en la calle Alvear entre la actual avenida Olmos y Lima. Ello no implicó que las relaciones entre los gobiernos nacional y provincial fueran óptimas, como que este último no renunció a formar a su propio plantel docente. Y lo hizo a los pocos meses, por Decreto del 27 de junio de 1884, en que el nuevo gobernador Gregorio S. Gavier creó el Colegio Graduado para Maestros. Funcionó sólo dos años, hasta que se abrió la Escuela Normal Nacional de Maestros, cerrada en 1898 y anexados sus estudios al Colegio Monserrat.

Los proyectos arquitectónicos para la Escuela Normal Nacional
La señorita Armstrong, pasó en 1888 a la Escuela Normal de la ciudad de San Nicolás, siendo sucedida por la profesora María Soufloni de Coussd, en momentos que se veía aumentada notablemente la asistencia de alumnas, por lo que se hizo menester encontrar una sede con mayores proporciones. A partir de entonces la consolidada escuela se ubicó en el edificio donde actualmente se encuentra la Facultad de Derecho, mientras que también algunas de sus aulas funcionaron por algún tiempo en dependencias del teatro San Martín.
Por aquel entonces, el terreno donde con posterioridad se construirá la escuela, era motivo de variadas especulaciones de uso por parte del intendente. En esta manzana la municipalidad pretendió edificar allí su Palacio Municipal, ya que su edificio (actual Legislatura) lo había vendido a la provincia. Fue entonces que el intendente Luis Revol propuso ensanchar la plaza y levantar allí el nuevo edificio municipal, encargándole a Ramón J. Cárcano que gestionara el proyecto con el ingeniero Norberto Maillard, por entonces director de la construcción del Palacio de Correos y Telégrafos de Buenos Aires.
El ingeniero aceptó y mandó cuatro croquis para que se eligiera alguno y completar así los planos. No obstante también se presentó ante el intendente el arquitecto Alfonso Castaña con un proyecto que contemplaba levantar casas de comercio en la planta baja.
El edificio fue construido originalmente para hotel en 1876 por su propietario Mario Marca. Posteriormente y al crearse la Escuela Normal pasó a funcionar allí desde 1885 hasta que en 1907 se inaugura su nuevo edificio. Posteriormente fue hotel-pensión de Pantaleón Andruet, según una guía de Córdoba de 1918, hasta que en esa fecha fue ocupado gratuitamente por la Federación Universitaria de Córdoba. Luego fue ofrecido a la venta por su propietario al rector Eliseo Soaje, siendo adquirido en 1925 por su sucesor León Morra quien instaló la Facultad de Medicina, que funcionaba desde su creación en el actual rectorado. Funcionó esta Facultad hasta que se trasladó a la ciudad universitaria, mudándose en la oportunidad la mayoría de las cátedras de Derecho.
La idea tuvo el beneplácito del gobierno provincial, que dictó la ley 1143 del 26 de Junio de 1889, autorizando a expropiar la manzana comprendida entre Juárez Celman, 9 de julio, Observatorio y Artes, con el fin de ensanchar la plaza y proceder a la edificación de un nuevo Palacio Municipal.
Lo cierto es que de ambos proyectos no se supo más nada y la idea de utilizar el terreno donde hoy se levanta la Escuela “Alejandro Carbó”, para levantar el edificio municipal, había sucumbido junto con el intendente Revol.
Siendo director del Departamento de Obras Públicas de la Nación el ingeniero Juan Pirovano, se le encomendó en 1888 al Inspector del Departamento de Ingenieros, arquitecto Francisco Tamburini, la realización de dos anteproyectos para la Escuela Normal, uno de una sola planta y otro de dos. Se aceptó el segundo anteproyecto y el 30 de abril del año siguiente se elevó completo, siendo aprobado por decreto del 6 de mayo. El edificio se presupuestó en 460.000 pesos, llamándose a licitación, en donde se presentó únicamente la propuesta de Gusberti y Cía., aceptada el 7 de Agosto, fecha en que se llegó a firmar el contrato de construcción. Luego se anuló y al año siguiente se llamó a una nueva licitación, presentándose Silverio Velazco. Pero la crisis económica de 1890 dejó sin efecto por largo tiempo el deseo de un nuevo edificio para la Escuela.
Mientras tanto el terreno destinado al edificio municipal quedó por algún tiempo sin uso. El intendente Benigno Acosta y como para aprovechar aquella manzana, dispuso ubicar allí la Escuela Práctica de Agricultura. La misma fue fundada el 14 de Junio de 1895, concurriendo alumnos de las escuelas diurnas de varones una vez por semana.
Cumplió aquellas tareas educativas hasta aproximadamente el 29 de marzo de 1905, fecha en que el gobierno provincial lo donó al nacional para la definitiva construcción de la Escuela Normal.
En el orden nacional, la dilación continua de la construcción de la Escuela Normal Nacional, tuvo su punto de conclusión con la decidida intervención del gobierno presidido por el doctor José Figueroa Alcorta y la activa gestión de su por entonces directora, la meritoria educacionista Rosario Vera Peñaloza, quien ocupó ese cargo desde 1907 hasta 1910, en que fue reemplazada por la señora Trinidad Moreno.
El proyecto fue realizado en Buenos Aires, siendo firmado sus planos en julio de 1907 por el personal técnico de la Dirección General de Arquitectura de la Nación, encabezado por el ingeniero Carlos Massini. Este profesional fue quien a partir del 19 de Febrero de aquel año pasó al frente de la recientemente creada repartición, siendo reemplazado en 1910 por el ingeniero Mauricio Durrieu. Massini se había desempeñado con anterioridad como inspector general en obras de la nación y bajo el cargo de Director, firmó al mes siguiente de tomar el cargo, el proyecto para la Escuela Normal y los planos para el edificio de Correos y telégrafos de Córdoba, donde hoy funcionan las oficinas de la Cámara de Legisladores.
Lentamente y en varias etapas se levantaron los muros, construcción que realizó la empresa de Luis Damond y Cía., entregándose la primera parte el 28 de junio de 1911 el y que, según el diario Los Principios del 28 de Junio de 1911, constaba de 17 aulas, 2 salas de dibujo, 1 gabinete de física, 1 de historia natural, 1 de gimnasia y 1 departamento destinado para habitación de la dirección. No obstante el 14 de Febrero del año anterior se decretaba la autorización para ampliar el establecimiento.
La zona donde se construyó el magno edificio constituía un tradicional asentamiento de quintas, ampliadas hacia el pueblo indígena de ''La Toma'', de acuerdo a la ley del 17 de Diciembre de 1881 en que se ordenó la mensura y venta de tierras que bien aprovecharon los adictos al gobierno. A fines de aquella década se decidió la construcción de la plaza ''Colón'', con toda una especial ornamentación que los arquitectos Caraccio trajeron de Francia y que le aporta al edificio una particular perspectiva.
El edificio, cuyos planos se repitieron en varios lugares del país, ocupó la totalidad de la manzana, con un amplio retiro de espesa arboleda, presidido por una trabajada reja perimetral y amplios portones de ingreso. Se convirtió así en el establecimiento de mayor superficie que se construyó en este período en Córdoba, con más de 5.000 metros cuadrados.
El tema tan manierista del palacio italiano del Renacimiento, con la sucesión de los patios, aquí se repitió cuatro veces, girando la construcción en torno a ellos, por donde se abrían las aulas previamente a sus amplias galerías.
Su proyectista acudió a jerarquizar el edificio proponiendo el sector del frente principal y laterales con doble altura. En el tramo central del ingreso, sin dudas el motivo principal de la composición, reproduce la tipología palladiana de la loggia en la planta alta, donde se abre un gran balcón en concordancia con el salón de actos. En este gran volumen de ingreso que sobresale, se utilizaron las órdenes y aquí se emplearon con la acostumbrada correlación que imponía primero el dórico y luego el jónico; entre tres importantes arcos de ingreso que igualmente se repiten en la parte posterior del edificio.
Entrantes y salientes, definiciones en el almohadillado de las pilastras y volúmenes, cornisas destacadas, apareamiento de columnas y otros recursos estilísticos, conforman una libertad y monumentalidad en un sobrio diseño. Pero como si realmente lo destacable fueran sus fachadas, en el interior aflora una austeridad que en cierta manera se quiebra por la infaltable monumentalidad de la escalera de acceso a la planta alta.
El edificio fue transferido a la órbita provincial en 1994, de acuerdo a lo emanado dos años antes por el gobierno nacional. Con esta determinación, su nuevo propietario procedió incorporarlo a la ley 5.543, de protección del patrimonio cultural, concediéndole una restauración completa.


Revista Historia de la Educación Latinoamericana
Page, Carlos A.│Los simbólicos Edificios de las Escuelas Normales de Córdoba (Argentina)
Revista Historia de la Educación Latinoamericana, vol. 6, núm. 6, 2004, pp. 87-104
Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Boyacá, Colombia
(Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=86900606)

 

 

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