Reñidero de Gallos

Vista posterior y de conjunto de las ruinas del Reñidero de Gallos en Córdoba ciudad, por entonces ubicado en calle Ayacucho Nº 35/39. Circa 1920.
Córdoba ciudad, República Argentina.

La ley Nº 1929 de la Provincia de Córdoba, del 20 de Agosto de 1907, terminó este divertimiento, disponiendo ... "quedan prohibidas en el territorio de la Provincia las riñas de gallos y demás espectáculos crueles que afecten a la moral social.”
En los albores del Siglo XX este circo de los Reñideros de Gallos vió su fin, diversión que a finales del siglo XVIII vino a sustituir el juego de las corridas de Toros.
Luego de poco mas de un siglo de este juego populachero -como lo llamara el Padre Grenón-, en la calle Ayacucho N° 37 de Córdoba ciudad funcionó el último Reñidero, concluyendo la historia de su media o semi bárbara cultura.

(APC│Álbum de la Provincia de Córdoba, 1927 Escobar Uribe - Gontrán Ellauri Obligado/La Elzeviriana, 1927)

El Histórico Reñidero de Gallos en Córdoba
por el Padre Pedro Grenón SJ

En vista de la abundancia de datos históricos concernientes al asunto indicado, he emprendido hacer una relación documental.
No es mi pensamiento elogiar o promover el resurgimiento de esta diversión porque la juzgo algo sanguinaria y amortiguadora de sentimientos humanitarios por familiarizarse sus protagonistas y expectadores con la insensibilidad por el sufrimiento en seres vivientes.
Estas páginas sirven para hojear una nota del pasado. Es una ilustración de curiosidad nutrida sobre este juego que vino a sustituir el entretenimiento populachero cuando se fue dejando el juego de las corridas de Toros.
Iré pues desenvolviendo las piezas históricas que he podido hallar hasta el presente al respecto.

La primera mención del juego de gallos que conozco es la siguiente actuación:
“En Córdoba, en 8 de Marzo de 1800, ante mi el presente Escribano Público y de real Hacienda, compareció Don Julián Freytes, vecino de esta ciudad y de su comercio a quien certifico conozco.
Y dijo que por cuanto Juan Bautista Carranza a nombre de don Francisco Fernández, remató en pública subasta el día 12 de Marzo próximo pasado el único Reñidero o Casa de Gallos, correspondiente a la Renta de Propios y Arbitrios de esta ciudad, por 5 años, que comenzarán a correr y contarse desde el día de la fecha y fenecerán en igual día del año 1805.
Debiendo pagar en cada un año de ellos la cantidad de 200 pesos por tercias partes.
Y estimando los señores que componen la Junta Municipal de Propios y Arbitrios por ventajosa esta postura, se celebró el remate”.
Respondiendo a lo anterior se sigue esta otra pieza.
“Recibí de don Francisco Fernández 66 pesos, 6 reales correspondientes a los 4 meses últimos de arrendamiento del año primero del Reñidero de Gallos, que con 133 pesos 2 reales que constan en otro recibo componen los 200 pesos de la satisfacción de dicho primer año.
Y para que consten, lo firmo en 23 de Abril de 1801, etcétera.
Antonio Palacios Amaviscas.

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Sr. Gob. Intendente de Córdoba. (Archivo de Gobierno, libro 28. legajo 2)
Resulta que al final del quinquenio cobran a Fernández lo cuatro años de arrendamiento, que faltaba pagar, ya que constaba haberlo adquirido en remate.
Fernández alega el traspaso en Rodríguez.
En la ciudad de Córdoba en 14 días del mes de Marzo de 1806, ante mi el escribano de P. M. Público, de Cabildo e Hipotecas de ella y de los testigos que adelante se nominarán, compareció don José Manuel González vecino de ésta, a quien certifico, conozco y digo:
Que por cuanto a nombre de don Pedro Rodríguez Miguel, remato en pública subasta el día 13 de Febrero último el único Reñidero o Casa de Gallos correspondiente al Ramo de Propios y Arbitrios de esta ciudad, por cuatro años, que comenzarán a correr y contarse desde el 29 de Marzo del presente año, en que su Señoría el señor Gob. Int. Interino se sirvió aprobarlo, y fenecerán en igual día del año 1810, debiendo pagar en cada uno de ellos 110 pesos.
Y estando aprobado dicho remate y mandado se ponga en posesión al subastador, procedida la escritura correspondiente de obligación y fianza; y poniendo en ejecución lo mandado.

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“Ordenanzas que deberán Seguir en el Reñidero de Gallos de esta ciudad".

1º. — Todo individuo pagará un real a la entrada al Reñidero. Y, sea de la clase, condición o fuero que sea, se sujetará a la decisión del juez de él y presentes ordenanzas, sin que pueda, por título alguno, declinar jurisdicción.
2º. — El dueño del Reñidero deberá costear, pagando un peso por cada día que concurriese algún sujeto de providad e instrucción en la materia, para que administre justicia en cualquier disputa que se ofrezca, contenga desórdenes, haga guardar el orden, no permita se hablen palabras picantes, obcenas tumultuosas, etc. El cual no podrá echar riña alguna de gallos por si, ni por segunda persona, ni aportar interés alguno, para que pueda obrar con libertad y sin pasión.
3º — También costeará dos soldados para que estén de guardia y a la disposición del juez.
‘Tendrá romana, en que se pesen los gallos; tijeras, para pelarlos y cortaplumas para baretear y afilar las espuelas.
4º — Ninguno podrá echar riña alguna de gallos fuera del Reñidero, bajo la pena de 4 pesos de multa por la primera vez; 6 pesos por la segunda; y, por la tercera vez perderán los gallos y toda la parada y sufrirán dos meses de cárcel.
5º — Cada día que haiga reñidero deberá haber, cuando menos, dos riñas; las que, si no diese el público, las dará el dueño del Reñidero; bajo la pena de volver a todos la entrada que hubiesen pagado.
6º — No podrá el juez resolver por si solo ninguna duda grave, a menos que no la resuelvan las presentes Ordenanzas; y cuando llegue este caso, deberá asociarse con dos colegas nombrados por las partes; en las cuales deberán concurrir las cualidades que se requieren para que sus sentencias no tengan vicio alguno de nulidad.
7º — No se echará riña alguna antes de las 2 de la tarde (a cuya hora deberá concurrir el juez al Reñidero), bajo la pena de perder la importancia de la apuesta; que se aplicará a obras públicas.
8º — Todo gallo que haya de reñir -a fin de evitar fraudes y engaños- ha de ser al peso a dispensarse dos onzas.
Y aunque no se prohíbe el que puedan hacerse riñas a ojo, pero serán obligados los dueños de los gallos a pesarlos antes de reñir, para que el público se imponga de la diferencia del peso de ambos gallos.
9° — A un gallo tuerto deberán dispensársele 4 onzas, por otro de dos ojos: y si fueran de igual peso, forzará el de dos ojos la espuela del ojo bueno del contrario.
10º — Hecho el convenio de reñir y determinada la cantidad de la apuesta, se pesarán los gallos; y, pesados que sean, ninguno podrá retractarse, a menos que ambos contratantes convengan en dejar la riña.
11º — Si se depositare alguna riña, se pondrá el depósito en manos del juez; con cuya anuencia se formará contrata por escrito, en la cual conste el día de la riña, cantidad de la apuesta y demás condiciones que hayan pactado.
12º — Antes de echar los gallos a reñir, se presentarán ambos al juez para que los reconozca. Y si llegase a suceder que a alguno de ellos se le encontrase en la cabeza, bajo de las alas, etc. manteca o cosa oleosa, ajo o ligadura o cualesquier fraude, el dueño de tal gallo perderá, sin reñir, toda la parada; cuya mitad se entregará al contrario, y la otra mitad se aplicará a obras públicas.
13º — Ninguno podrá tener gallo a la vista en el Reñidero ínterin hubiere riña. Y el que llevase gallos los acomodará en jaulas o en estacas, fuera del círculo.
14º — No se permitirán dentro de la valla más individuos que los que estén tratando riña.
15º — Cuando hubieren de desplumar y baretear los gallos que hayan de reñir, saldrán afuera a hacerlo, a fin de que no emporquen el Reñidero.
16º — Para largar los gallos o reñir, los pondrán en medio de la plaza, una vara distante de otro, cuando menos, de vuelta encontrada y mirando el costado del uno al del otro, sin echar un gallo sobre el contrario, bajo la multa de 4 pesos.
17º — Largados los gallos a reñir, se mandará guardar silencio por medio de la campanilla. Y las llamadas y apuestas que se hagan con voz moderada.
Cuando hubiere algún golpe de sentido, quedará todo en un perfecto silencio. Y el individuo que en este caso hablase o gritare, pagará un peso de multa.
18º — El que, estando los gallos riñendo los espantase, ya con alguna acción, ya tirándoles algo, pagará 4 pesos de multa.
19º — Cuando alguno de los gallos se separase del contrario -a menos que sea por golpe de sentido-, pues en este caso se dejará reponer, y no volviese por si a reñir, se le arrimará, de manera que el contrario lo vea. Y si no tuviere vista, se peinará por el dueño de él; pero el arrimar ha de ser de suerte que la cabeza del arrimado diste cuatro dedos poco más o menos de la del contrario, pues el que al arrimar echare su gallo encima del contrario, sufrirá la multa de 2 pesos.
20º — Si ambos gallos llegaren a cegarse, se pondrán en un tambor que deberá tener el dueño del Reñidero; y los estrecharán de suerte que puedan reñir cómodamente. Y en este caso solo se arrimarán al tambor el juez y los dos dueños de la riña o quienes corran con ella; sin que ninguna otra persona pueda bajarse a la valla.
21º — Si en las salidas o en algún golpe salvare la valla alguno de los gallos, será echado a la cancha inmediatamente; pero de suerte que no caiga sobre el contrario, ni a él le estropee, ni espante.
22º — Si alguno de los gallos cayese a tierra, ya por cansado o ya por herido, no pisándolo el contrario, lo tomará de un ala el dueño de él y le hará presentar la cabeza al contrario.
Si, hecha esta diligencia por tres veces seguidas, ninguna de ellas hiciere por la riña, será visto haberla perdido.
23º — Perderá un gallo la riña, no sólo en el caso anterior, sino cuando cacaree o levante moño o baje la cola dando al mismo tiempo muestras de no querer reñir, como huyendo del contrario con aquellas señales.
24º — Ninguno podrá levantar su gallo antes de haberlo vencido, esté en el estado que estuviere; si antes de largarlo a reñir no hubiese advertido que lo levantará cuando lo vea en mal estado.
25º — No se deberá tener por riña aquella en la cual alguno de los gallos huyese a los primeros tiros, a menos que haya habido sangre en alguno de los dos; para cuyo reconocimiento se presentaran inmediatamente al juez.
26º — Al toque de la oración será tabla cualesquier riña que hasta este punto no se haya podido decidir, a menos que hayan pactado rematarla. Y así, en este caso como en el anterior, siempre que el reñidero esté obscuro se sacará de la parada el dinero necesario para velas; con las cuales se alumbrará el Reñidero, sin espantar los gallos.
Felipe Arias.
27º — Articulo Adicional: En los casos de forzarse espuela al gallo para la riña, deberá hacerse a satisfacción del contrario y juicio del juez. Pero, si en la riña rompiere o botase los forros, no se alzará el gallo por este motivo y deberá continuarla hasta el fin.
Arias.

Córdoba, Julio 5 de 1822.
Aprobado por este Gobierno.
Devuélvase original este Reglamento a la Municipalidad para su publicación y demás fines representados por el Síndico Procurador de Ciudad.
Juan Bautista Bustos
Doctor Fco. Ignacio Bustos, Secretario.

Sala Capitular de Córdoba, Julio 19 de 1822.
Cúmplase lo que S. E. manda y hágase saber a los interesados como corresponda.
Y, archivándose, dénse las copias que se pidan.

Sala Capitular de Córdoba, Julio 19 de 1822.
Ejecútese como se manda por su Excelencia, para cuyo efecto se publicará por el Actuario en el primer día festivo, dándose copia a don Santiago Bravo, Rematador de este Ramo; para que, puesto en tablillas, se ejecute como corresponde. Archivándose el original y a los jueces nombrados para su cumplimiento.
Juan Prudencio de Palacios, Juan José Carranza y Ávila, Fernando Flores, Benito de Otero, Bartolomé Tablada, Gaspar Bravo, Bartolomé Matos de Acevedo, Escribano del Estado, Público de Cabildo e Hipotecas.
En 21 días del mes que gira hice la publicación que se previene, estando, por la tarde, en el Reñidero de Gallos ; y hallándose presente don Bailón Galán, uno de los jueces nombrados suplicó se le tuviese por excusado por ser uno de los interesados en las riñas, como que, con este objeto, tiene cría, como es notorio.
Y que en virtud se sirviese poner otro en su lugar.

En el Archivo de Gobierno (1. 37, 1. 33) se guarda esta
• "Nueva ordenanza de 1813, intitulada “Reglamento para el Reñidero de Gallos:”

En la valla del Reñidero solo entrarán los dueños para largar los gallos. Y empezada la riña nadie podrá estar inmediato a la cancha en ademán de espantarlos bajo la multa de 4 pesos.
El que tenga a su cargo el reñidero deberá tener una balanza para pesar los gallos, si quisieran los dueños; y convenidos estos en la riña, siendo de igual peso se reputará tal no habiendo 2 onzas de exceso.
Hecha la parada, se registrarán los gallos, y el que se encuentre con las espuelas rebajadas, cauterizadas o con cualquier otro fraude satisfará 4 pesos de multa.
Lo mismo que el que resista el registro del gallo.
Hecha la parada o depositada alguna cantidad para reñir tal, no cumpliéndolo perderá aquella, sea por el motivo que fuese. Y todo el depósito se hará precisamente en manos del juez.
Cegando ambos gallos serán estrechados en un tambor, peinando al que lo necesite.
Si uno quedare con vista y no hubiere por la riña, se animarán uno a otro sin echarlos encima, puestos pico a pico. Si peinado el ciego no hiciere por la riña, y el contrario si, al tener careo, la ganará éste, aunque no carece aquel. Si el contrario no hace tampoco por la riña, será tablas.
Los careos solo se harán cuando la cola de uno de los gallos esté recta a la cabeza del contrario. Y solo se harán por las personas que designe el juez.
Si por fatiga o golpe quedara tendido algún gallo, sólo que se podrá pesar, si el contrario no lo pisa o hace por la riña.
Si en las salidas saltase la valla algún gallo, será echado dentro del instante con el mayor cuidado de no estropearlo.
Al toque de oraciones será tabla toda riña, a no ser que se haya convenido en lo contrario, con consentimiento del juez asistente. En cuyo caso se iluminará competentemente la valla, gratificando al que corra con la casa.
Si el dueño de un gallo imposibilitado en la riña quisiere levantarlo dándola por perdida, podrá hacerlo siempre que se haya publicado esta condición antes de empezar la pelea.
Empezará ésta, en verano, a las 4; y concluirá a las 7 de la tarde. En invierno, a las 2 y acabará a las 5.
El dueño de la cancha deberá tener gallos para dos riñas cuando menos en las tardes en que no las hicieren los concurrentes, bajo la multa de 25 pesos; debiendo franquearlos sin interés alguno.
El juez asistente hará observar el mejor orden y decoro. Imponiendo multa hasta la cantidad de 4 pesos. Reagravándolos, si reincidieren, y dando cuentas al Gobierno en la 3º vez que no se observe lo mandado. Debiendo responder su conducta en el cumplimiento de estos artículos; y con especialidad en lo que concierne a que no haya gritos ni algazara, como es de costumbre en esas concurrencias; ni se tolere ademán alguno que desdiga de la buena educación y respeto con que deben comportarse los circunstantes a presencia de un juez.
Córdoba, a 20 de Agosto de 1813”.
Para iniciar la ejecución de estas Ordenanzas, se procedió por el decreto siguiente al nombramiento de juez:
Nombramiento de juez de gallos.
He determinado que asista Vm. al Reñidero de Gallos como juez a presidir todos los días de fiesta ínterin dure la diversión.
Arreglándose Vd. para el desempeño de esta comisión a las instrucciones que a dicha Casa tengo pasadas. Las que le deberá presentar el que corre con dicho Reñidero.
Dios.
Córdoba, 23 de Agosto de 1813.
Señor Licenciado don Luis Antonio Giadas”.
(A. de G.; 1. 37,1. 33).

En una orden de pago, de fecha 16 de Octubre de 1816 decía el Cabildo a Depositario de la Ciudad: “Sírvase usted entregar a don Jerónimo Mendoza 20 pesos para los gastos que ocurren en la jura de la Independencia, del Ramo del Reñidero de Gallos”.
(A. M.; Cuentas: Cabildo n. 73).

Valiosa pieza es para la historia del Reñidero la siguiente:
“Cuando el Gobierno se lisonjeaba que en una diversión decente y honesta como la de los gallos y en que se hallaba avisado ser concurrido por lo principal del pueblo, ha tenido el disgusto de observar que ya el vicio y maledicencia se mezcla en ella.
Se ha notado con motivo de la riña en disputa que tubo, ha días, el desenfreno y dicasidad más reprensible.
En ella algunos procaces y livianos han hablado y hablan de la conducta de unos ciudadanos que la han conseguido a esfuerzos de virtud.
Los males que de tan vicioso principio se derivan no pueden calcularse. Y si se acumulan más, para destruirse necesitarían medios tan extraordinarios como sensibles provocando a una reacción de la otra parte.
El Gobierno, que solo trata de la concordia y unión, ha estado a los bordes de prohibir esta diversión como un origen de desaveniencias y pábulo a las pasiones.
Más, en consideración a la escasez de entretenimientos, ha acordado no verificarlo, y usar primero de la conminación. Encargando al juez contenga esos dichos indignos e imprudentes, mandando preso con la guardia, destinada al efecto, al que transgrediere en lo sucesivo.
Que, con motivo de lo ya acaecido, ha reprendido privadamente a algunos díscolos en desagravio de la injusticia con que han intentado vulnerar a los jueces de ella:
para quienes les servirá este acto de suficiente satisfacción pública.
Y para que llegue a noticia de todos publiquen en el Reñidero por el Escribano de Gobierno en el primer día festivo.
Que es fecho en Córdoba a 6 de Julio de 1822.
Juan Bautista Bustos.
Doctor Fco. Ignacio Bustos, Secretario.”
Se consigna el cumplimiento en esta nota añadida:
“En siete cumplí con el anterior ante Supremo”.
(A. de G. 1. 78. 1. 29).

La existencia del Reñidero sigue manifestándose por lo que sigue:
“En vista del oficio de V. S. fecha 7 del corriente he proveído con la de hoy el Decreto siguiente:
Fíjense carteles, publicándose en ellos abrirse nuevo arriendo, por subasta, del Reñidero de Gallos, por el término de dos años.
Que deberá verificarse en las Casas de la Tesorería del Estado el día 14 del corriente a las 11 de la mañana.
Conteniendo el acto de presidencia de Gobierno a su Asesor General.
Y contéstese.
Lo transcribo a V. S. para su inteligencia y en contestación a su citada nota.
Córdoba, Junio 9 de 1825.
Juan B. Bustos
Dionisio Centeno, Secretario.
Por Ministro de Hacienda Intendente Honorario de Provincia”.
(A. de G.; 1. 88, 1. 36).

A juzgar por el siguiente Reglamento fue continuando el Reñidero de Gallos, y con importancia puesto que en 5 de Junio de 1849 el Gobernador López amplió su funcionamiento regularizándolo:
“Las continuas quejas y desavenencias que resultan por el abuso y mala fe que continuamente se observa en el circo de gallos, aun teniendo un Reglamento existente que trata de la materia; a fin pues de conservar el orden de este entretenimiento público y establecer una buena policía interior y evitar las disputas maliciosas de los corredores de riñas, previniendo los extravíos de algunas personas dedicadas a esta diversión; protegiendo la buena fe y honradez, ha tenido a bien el Supremo Gobierno reformar aquel Reglamento, debiendo observarse fielmente en lo sucesivo el presente.
A cuyo fin acuerda y decreta:
Art. 1º — No podrá establecerse por más precio a la entrada del circo de gallos que el de un real por persona.
Art. 2º — Todo concurrente será obligado a sujetarse a la decisión del juez, sin distinción de clase, condición o fuero; ni declinar por título alguno de jurisdicción.
Art. 3º — El jefe de policía y en su defecto, un comisario nombrado por él, deberá presidir, administrar justicia con forme al presente reglamento.
Art. 4º — Quedan prohibidas desde ahora para en adelante toda riña fuera del Reñidero; bajo la multa de cuatro pesos por la primera vez, el duplo por la segunda y arbitrariamente por la tercera, perdiendo en todos casos los gallos.
Art. 5º — El dueño del circo será obligado a mantener éste, en el mayor aseo, decencia y comodidad posible, teniendo todos los útiles necesarios, como romana, tijeras, vainillas, tambor y jaulas con seguridad para guardar los gallos de los aficionados durante la riña.
Art. 6º — El mismo será obligado a dar una riña de gallos regulares, cuando el público no la proporcionase; devolviendo la entrada en caso de no llenar este deber.
Art. 7º — No entrará ningún individuo en el circo, sin que éste no lleve consigo el gallo que debe pesar o hacer riña: debiendo los demás concurrentes permanecer en sus asientos.
Art. 8º — Toda riña se hará al peso a dispensarse dos onzas; y si se hiciere alguna a ojo, estarán obligados a pesar para el público.
Art. 9º — A todo gallo tuerto se le dispensará cuatro onzas por otro de dos ojos; y si hubiere de igual peso forrará la punta del ojo bueno del contrario.
Art. 10º — Ajustada que sea la riña y depositado ante el juez la apuesta, no podrá ninguno de los contratantes separarse de ello; perdiendo el que contraviniere, a menos que sobrevenga alguna causa que obligue a ello, y la declare el juez por bastante; sin que lo sea el decir que el gallo era prestado.
Art. 11º — Toda riña depositada se pondrá el depósito en poder del juez; con cuya ausencia reformará la contrata por escrito en la que conste el día de la riña, la cantidad de la apuesta y demás condiciones que hayan pactado.
Art. 12º — Si cuando van a componer los gallos se suplanta otro de igual pluma en lugar de los que han agitado la riña, averiguado que sea el fraude, ya sea antes estando en ella o después de concluida, deberá perder la parada el que lo hubiese cometido, y no valdrán las de afuera, imponiéndose a más una pena proporcionada al tamaño exceso.
Art. 13º — Si alguno de los dueños de la riña fueren de acuerdo echando algún gallo cabresto o lo que llaman gaucho, -averiguado y probado que sea, se le aplicará la pena de 12 pesos- o 25 azotes, si no los hubiere (los pesos)
Art. 14º — Deberán ser los gallos reconocidos antes de reñir -y si los dueños lo pidieren, por el juez o dueño de casa- para examinar si las púas están en su estado natural sin unturas o polvos picantes ; y, en caso de verificarse el fraude, se le aplicará la pena del articulo 13.
Art. 15º — Procurarán los aficionados hacer las apuestas antes de principiar la riña, para excusar el bullicio que se arma; y si algunos la hicieren después, deberá ser en voz baja y sin tirar el dinero por encima de los gallos; pues si por este motivo se apartare o huyere alguno de ellos, deberá pagar la apuesta el que lo hubiere causado, y no valdrán las de afuera, si no hubiere cómo satisfacer, se le impondrá por el juez una pena capaz de corregir el exceso.
Art. 16º — No se tendrá por riña en la que alguno de los gallos dispare a los primeros tiros; a menos que de ello resulte golpe conocido o puñalada en cuyo caso serán presentados, sin limpiarlos, al juez inmediatamente
para examinarlos.
Art. 17º — Para largar los gallos a la pelea se pondrán en medio del circo los corredores o dueños, una vara de distancia uno de otro, de vuelta encontrada y mirando el costado del uno al costado del otro, sin echarlo encima del contrario; bajo la multa de cuatro pesos al infractor.
Art. 18º — No se permite por pretexto alguno tener gallos en el circo ni en el cerco exterior de él, de cualquier modo que sea bajo la multa de dos pesos al infractor.
Art. 19º — Para arrimar los gallos a careo, se ejecutará con una sola mano, de modo que, después de arrimarlos, diste cuatro dedos poco más o menos uno de otro, sin echarlo encima ; y si no echasen pico, se mandará carear peinándolos por delante sin pasar la mano por encima del contrario; arreglándose a la pena del art. 17.
Art. 20º — Si los gallos, por cansado u otro motivo, se parasen, se mandará arrimarlos por tres veces; y no haciendo ni uno ni otro por la pelea, será tabla, si los dueños se conviniesen y el juez lo creyese justo; y en caso de no haber avenimiento, el juez mandará levantar los gallos y señalar la hora en que al día siguiente deben concurrir los interesados con sus gallos a decidir la pelea; quedando en este caso disueltas las paradas de afuera. Pero si se embistiesen los gallos o echasen pico, cuando se careen y se volviesen a separar, se repetirá el careo por tres veces, hasta que alguno de ellos manifieste hacer por la riña.
Art. 21º — Cuando se apartare alguno de los gallos y el otro, por cansado o muy herido, no pudiera seguir al contrario, será animado el que se separe sin limpiarlo; y, hecha esta operación por tres veces, no hiciere por la pelea, permaneciendo el otro en su puesto perderá el que se separe.
Art. 22º — Si alguno de los gallos quedare ciego y el otro con vista, aunque sea poca y se parase, se arrimará el con vista al lugar donde esta el ciego, peinándose este hasta que lo sienta sin echárselo encima; y, si a las tres veces de hecha esta operación, no hiciere por la pelea alguno de ellos, se dará por perdida; y, si ambos no hicieren por la riña, se mandará con arreglo al artículo 20.
Art. 23º — Si se separa alguno de los gallos por golpe de sentido o puñalada y el otro quedase parado sin acometerle, pasado que sea un corto intervalo antes que se enfríe, se mandará arrimar y carear en el modo dicho, ejecutando lo mismo, si los dos estuviesen postrados.
Art. 24º — Cuando alguno de los gallos diere con el pico en tierra y el otro no lo viese, se mandará dar cabeza; lo que se ejecutará por el corredor o dueño del gallo, tomándolo con una mano por encima de la cola y bajando hacia abajo para proporcionarle cabeza al contrario, sin echárselo encima.
Art. 25º — Si los gallos, por heridos o fatigados, no pudiesen permanecer en pie, y clavasen el pico en tierra, se mandará dar cabeza en el modo dicho; y hecha esta operación por tres veces y no haciendo por la riña alguno de ellos, este será el que pierda siempre que el contrario manifieste hacer por ella (por la riña). Si ni uno ni otro hicieren por la riña, quedará sujeto al art. 20.
Art. 26º — Si los dos gallos quedasen ciegos, se meterán al tambor y se estrecharán más o menos; y, si no hiciesen por la pelea aún peinándolos, quedarán sujetos al art. 20; pero, si alguno se portase clavado el pico y el otro permaneciese en pie en su puesto y el otro postrado no se parase levantándole el corredor o dueño de él por tres veces, perderá la riña éste.
Art. 27 º — Si alguno de los gallos riñendo cayese de modo que no pueda pararse, lo levantarán del codo del ala, cuando el contrario no la tenga debajo; y estando pisando, pasado que sea un instante, mandará el juez que los dueños o corredores separen el que esté encima y levanten el caído.
Art. 28 º — Cualesquiera de los concurrentes que echase riña con gallo rebajado, probado que sea, perderá la apuesta, seis pesos de multa y pérdida del gallo, con privación de su asistencia al circo, y no valdrán las de afuera.
Art. 29º — Al toque de oraciones, toda riña quedará sujeta al art. 20, a no ser que los dueños quieran rematar con luces, y el juez lo permita.
Art. 30º — Antes de largar los gallos a la pelea, prevendrán los dueños al juez si van a levantar sus gallos,
cuando no puedan ganar por estar en mal estado, y el juez lo crea justo: siendo entendido que, no haciendo los contratantes esta prevención, será a rematar.
Art. 31º — A la voz de pago, en cualquier estado que se halle la pelea, quedarán obligados los apostadores a la cantidad propuesta; siempre que el que propuso la parada la rectifique acto continuo, designando el gallo de su elección ; todo lo que deberá ser sin pérdida de tiempo; y si la apuesta fuere con ventaja, tendrá la elección el que da la usura; la que se perderá o ganará, haga o no por la pelea cualquiera de los gallos.
Art. 32º — En los casos dudosos por explicación de circunstancias, podrá el juez resolver con el parecer de dos colegas inteligentes de los mismos aficionados y que no hayan apostado, y electos por las mismas partes.
Art. 33º — El juez encargado de presidir y administrar justicia, no podrá echar riña ni apostar por si ni por segunda mano.
Art. 34º — Será de su más estricto deber no permitir palabras picantes, obcenas, ni en manera alguna ofensivas a la moderación y decencia.
Art. 35º —- Comuníquese, publíquese e insértese en el R. O.”
Manuel López.
Veinte años más tarde todavía preocupaba legalmente el juego de gallos.

En 28 de Julio de 1869 se dio el siguiente edicto por la subintendencia de policía.
“Para hacer posible la vigilancia policial, se prohíbe hacer carrera de caballos en otro lugar que el destinado al efecto en los altos de la ciudad, al sud.
Se prohíbe así mismo hacer riñas de gallos fuera de las casas patentadas al efecto.
Los que infringiesen lo que está dispuesto, pagarán una multa de diez pesos nacionales. G. A. Moyano”.
En 13 de Julio de 1887 se nombraba juez de Riña de Gallos para Rio Cuarto al señor José E. Irusta, como puede verse en la compilación de leyes de esa fecha.
El 29 de Noviembre del año 1890 el gobernador Garzón elevó el edicto de Policía, anteriormente visto, del año 1869, a Ley de la Provincia.
El final de la riña de gallos lo hallamos en la siguiente disposición decisiva:
La ley Nº 1929 de la Provincia de Córdoba, del 20 de Agosto de 1907, terminó este divertimiento, disponiendo quedan prohibidas en el territorio de la Provincia las riñas de gallos y demás espectáculos crueles que afecten a la moral social.”
Esta es una verdadera y fría lápida para los Reñideros de Gallos.
En la calle Ayacucho N° 37 de nuestra ciudad funcionó el último Reñidero, y este escrito rememora la historia de su media o semi bárbara cultura.

Para terminación véase el soneto del cordobés Ataliva Herrera:

En el anfiteatro fatal del reñidero
a muerte se han retado las apuestas rivales;
los monarcas de plumas, coronas de corales,
disputan el reinado sumo del gallinero.

De hito en hito los ojos, se asesta el acero
del espolón a modo de torcidos puñales,
y sobre las arenas las heridas mortales
van hilando el tejido de un carmesí reguero.

Un gladiador sucumbe: solamente perturba
los últimos instantes del moribundo gallo
la sedosa caricia del perdido serrallo
Y el vencedor gozando la embriaguez de la gloria
recoge los laureles de aplausos de la turba
que le aclama supremo señor de la victoria.

• "Álbum de la Provincia de Córdoba", 1927
Escobar Uribe - Gontrán Ellauri Obligado/La Elzeviriana, 1927
• "El espacio público en las ciudades hispanoamericanas" El caso de Córdoba (Argentina) │Siglos XVI a XVIII. Báez Ediciones, 2008.
Carlos Alberto Page
• Archivo General de la Nación, Sala IX, 36-4-4

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