Parque Sarmiento

Vista panorámica. Pileta Parque Sarmiento. Circa 1924.
Córdoba ciudad, República Argentina.

(Aporte de Enrique Luis Godeas/Posted on October 24 2019)
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El Parque Sarmiento.

La ciudad de Córdoba había iniciado una importante transformación en su trazado fundacional con la concreción de nuevos barrios surgidos en su periferia. Pero fue el llamado Nueva Córdoba el que incorporó el lenguaje modélico tan deseado de las calles de París. En ese barrio se trazó un amplio parque en la segunda mitad de la década del ochenta. Pero no se construyó de inmediato, como lo lamentan los mensajes de los gobernadores de todo ese período, debido al engorroso trámite de la expropiación de las tierras y la especulación que ello acarreaba. Todo el amplio terreno debía ser cedido al concesionario Miguel Crisol como lo establecía la ley y contrato correspondiente, aprobados por la Legislatura en 1886.
Silencio luego de las demoras, la crisis del Noventa, y finalmente el demoledor anuncio del gobernador Manuel Demetrio Pizarro en su mensaje de las sesiones legislativas de 1893: “Este contrato ha quedado rescindido”, por lo que el gobierno se hacía cargo de la deuda de la empresa, contraída con el banco provincial, recibiendo las propiedades entregadas. El parque seguía en proyecto, mientras Crisol soportaba la huelga de 400 obreros que trabajaban en el emprendimiento urbanístico diseñado por los ingenieros Huergo y Lavalle, quienes además fueron garantes de la obra. Poco antes, el 23 de mayo de 1889, Carlos Thays había rubricado el contrato para diseñar el parque de este singular barrio y viajar desde París para la dirección de las obras. Firmó el plano ya en Córdoba, en octubre de ese año.
El recordado arquitecto paisajista estuvo casi dos años en Córdoba y en su resignado regreso a París, fue contratado en Buenos Aires como Director de Parques y Paseos de esta ciudad.
De las obras de Nueva Córdoba y del trazado del parque no se habló más. Quedó en proyecto. Las tierras fueron transferidas al municipio en 1897 cuando la comuna nombró al paisajista Eugene Courtois como Director de Parques y Paseos. Durante su gestión se abrió la gran avenida y de a poco, se fueron haciendo nuevas obras que siguieron en lo posible el diseño de Thays.
En 1902 el gobernador José Manuel Álvarez se dirigió a las Cámaras Legislativas, manifestando la necesidad de continuar las obras del parque de acuerdo al proyecto original. Así fue que se entabló contacto con Thays y en 1908 se anunció su visita a los fi nes de inspeccionar las obras. Lo haría periódicamente y durante muchos años.
En el trazado del “...parque prevalecen las copiosas arboledas, los caminos ondulantes y el infaltable lago con sus dos islas que contenían embarcadero y restaurante. Dos lagunas, grutas, puentes, kiosco, cascadas, mirador, plaza para monumento, lugares para el jardinero, conformaban un predio de aproximadamente 100 hectáreas, donde todo estaba previsto. En el ordenamiento espacial prevalecen las formas elípticas o elipsoideas, tan predilectas de su lenguaje paisajístico, concebidas con el objeto de brindar a sus usuarios una pantalla visual continua, ondulante y a la vez variada”.
Thays siguió asesorando al gobierno con el tema del parque, pero lo cierto es que durante los gobiernos de Ramón J. Cárcano (1913-1916 y 1925-1928) se emprendieron varias obras, ya que, según manifestó el mandatario “...se continúan los trabajos del parque [para] hacer de él un sitio predilecto y digno de la cultura y de los progresos de Córdoba”.
En su primer año de mandato se creó la Dirección del Zoológico y la Dirección del Parque Sarmiento. Ambas se unifi caron con el nombre de Dirección General de Parques y Paseos Públicos en 1917 bajo la dirección de José R. Scherer, pasando a depender directamente del Ministerio de Obras Públicas e Industria a cargo del Dr. Juan B. González. Fue el tiempo durante el que se construyeron el zoológico y el natatorio.
Scherer renunció en 1919 y poco después se reavivaron los impulsos por las obras en el parque bajo la dirección del Ing. Blacuie Belair. En 1926 se inició el “proyecto de embellecimiento del parque Sarmiento” y para ello se contrató al arquitecto Pierre Audrá, profesor de la Sorbona, quien realizó el desaparecido trazado de la plaza España, la entrada del parque y el pergolado de sus por entonces tres confi terías.
No se cuenta con detalles documentales que brinden información sobre la construcción del rosedal, pero se estima que su realización tuvo lugar en la primera mitad de la década del veinte. Su presencia bucólica estuvo siempre asociada a las relaciones sociales, a la imagen de un tiempo pasado que marcó con su sello indeleble a una ciudad que despertaba hacia las modas europeas.
Con el ya avanzado invento de Louis Daguerre, el rosedal aparecía como el lugar ideal para perpetuar imágenes inolvidables. Parterres rebosados de rosas eran el marco adecuado donde se mostraban fi nas damas con sus espléndidas capelinas, faldas y sombrilla en mano.
El trazado original del rosedal, un poco modificado actualmente, fue de diseño geométrico con un eje y una serie de diagonales que forman canteros en forma simétrica. Este eje tiene como centro un espacio central de agua, debidamente jerarquizado en solados y tratamiento envolvente, generando el atractivo mayor del conjunto. A su vez fija su presencia y refleja en el espejo de agua, con plantas acuáticas y peces, la estatua de una ninfa en posición de introducirse a la pileta, acompañada por cuatro peces en igual actitud, ubicados en las esquinas de la misma, actualmente desaparecidos.
La monolítica estatua de la fuente en mármol de Carrara lleva el sello del italiano Antonio Gazella (1864-1919) y es precedida por un pequeño león custodio ubicado en el otro extremo de la fuente y hacia el ingreso, con la inscripción del autor Natalli y como procedencia Florencia.
Otras dos estatuas se ubican casi en los extremos del rosedal representando a la diosa del amor: la romana Venus y la griega Afrodita; ambas asociadas a la belleza de las rosas que impusieron los latinos y que tanto costó su utilización en la cristiandad por la relación con los ritos paganos hasta la utilización plena como símbolo de la sangre de los santos.
Estas dos esculturas clásicas son también de mármol con gesto en contraposto cuya delicadeza se evidencia en cada uno de sus refi nados detalles. Ambas llevan la inscripción del escultor florentino Eugenio Battiglia.
A su vez se levantó un pergolado de madera, reemplazado por hormigón en 1929 por el director de parques, paseos y jardín zoológico, ingeniero agrónomo Eugenio Konekamp, que cerraba el contrafrente hacia la barranca del zoológico, construido especialmente para crear una zona de sombra gracias al entrelazamiento de rosas trepadoras.
Este paisaje se complementa con una serie de bancos de madera de reposo y contemplación y ricas columnas de iluminación ubicadas sobre los senderos, además de arcos de rosas que van marcando no sólo el ingreso sino también las sendas laterales. En oposición a las estatuas también se construyeron dos pequeñas fuentes circulares y en el extremo izquierdo hacia la barranca un tanque de agua aseguraba la irrigación constante del sitio.
El mismo fue diseñado como mirador, incluido en el diseño original de Thays de 1889.
Todo el frente estaba cercado y con un portón debidamente jerarquizado en el ingreso que conducía al espacio central de agua.
En 1942 y por iniciativa del ingeniero Héctor Bobone, en su calidad de Ministro de Obras Públicas, se comenzó un ambicioso plan de obras para el parque. Algunas muy adecuadas, como la construcción de veredas en la avenida de El Dante, la portada del Jardín Zoológico, la continuidad de las obras del teatro griego y la inclusión de juegos infantiles.
Otras no tanto, como la incorporación de una pista hípica y la remoción del cerramiento del rosedal. Al respecto el mismo funcionario argumentaba que “el parque no puede encerrar sus rincones”. Sin embargo privaba a un sector del mismo de seguridad y privacidad. Lo cierto es que el rosedal comenzaba a sufrir un proceso de transformación nada adecuado y que recién medio siglo después se planteó recuperar.

(fuente: El Rosedal del Parque Sarmiento de Córdoba - 1920/25; por Carlos A. Page)

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