Jardín Zoológico

Water-chute y lago. Zoológico de Córdoba. Año 1917.
Córdoba ciudad, República Argentina.


(Aporte y texto de
Cristian Albarracin/Posted on October 10 2019)
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Córdoba ciudad, República Argentina.
Sábado 25 de Diciembre de 1915, 17:30 hs.
Jardín Zoológico │ Acto Inaugural


Discurso del Biólogo y Paisajista José R. Scherer, Director del Jardín Zoológico:
«Como toda cosa tiene su historia, me habeis de permitir, señores, que os narre brevemente la de esta obra a cuyo acto inaugural os habeis dignado concurrir.
Corría el año 1912. El que os dirige la palabra se presenta ofreciendo al gobierno anterior, juntamente con un grupo de animales silvestres un proyecto de jardín zoológico. El resultado que alcancé fue negativo.
Al año siguiente, poco después de iniciada la administración actual, ya encontré partidarios entusiastas de mi idea.
Desempeñaba el Ministerio de Obras Públicas e Industrias, en aquel entonces, un esclarecido joven hijo de Córdoba: el señor Martín Gil.
A raíz de una entrevista que con él sostuviera, partí al Chaco en procura de otros animales para el zoológico. Pude llevar a término mi viaje, mas la obra en proyecto, por diversas circunstancias, no alcanzó a ser iniciada.
Fue recién bajo la gestión del actual ministro doctor Juan B. González, y en circunstancia de que él realizara en compañía del excelentísimo señor Gobernador, una visita al local que servía de alojamiento a la colección que tenía donada a la provincia, fue recién, decía, cuando el proyecto adquirió seguro impulso.
El señor Gobernador encomendóme entonces la confección de un nuevo proyecto de parque zoológico que tuviera por base la tan mentada ‘Barranca de los Loros’. La idea del gobernante no pudo ser más luminosa. Era esa el sitio ideal para emplazar la obra.
Tres meses más tarde presentaba el proyecto completo a la consideración del Ejecutivo. Lo halló éste aceptable, y dio un decreto aprobándolo.
El 24 de Diciembre del año pasado, hace hoy justamente un año, di comienzo al trabajo. Con sólo veinte peones de que dispuse en los primeros meses, y en lucha constante con los aguaceros torrenciales que dificultaban la acción y destruían la barranca, aquel hubo de andar muy lentamente. Pero más tarde, apreciando el resultado de mi labor, el Superior Gobierno me colocó en condiciones de poderme desenvolver con libertad y prontitud y es así que he podido llevarla al estado de relativo adelanto en que la encontrais en el día de su primer aniversario.
Señores: Córdoba, hija de la barranca, ha querido adornar con esta joya a su madre.
El antro sombrío y fragoso que ayer servía de guarida eficaz a los seres maleantes y bichos dañinos …, y hasta muchachos “chupineros”, según es fama, hoy se transforma en lugar de la más deliciosa estadía y en fecunda morada de simpáticos señores de la fauna. Loada sea tan feliz substitución!
La obra no está aún concluida. De mucho ha menester todavía para colocarla en tales condiciones.
Córdoba sabrá responder de ello. Las instalaciones y habitaciones de los animales, han sido hechas en parte con carácter provisional. Débese este echo a la falta de tiempo y a las dificultades que ofrecen los accidentes del terreno. Gran número de animales de los que disponemos no han podido aún ser ubicados por esa razón. La gran “volière” de los cóndores, el valle tropical y el hermoso lago del fondo, espero terminarlos dentro de poco, al igual que los diversos juegos con que lo dotaremos, tales como la montaña rusa, los columpios, tiro al blanco y muchas otras diversiones.
Uno de los elementos importantes de esta obra, débese con otros, al buen sentido práctico del distinguido estadista que es nuestro ministro de obras públicas. Tales elementos consisten en la instalación del ferrocarril funicular y del tren liliputiense, que recorrerá el parque y atravesará el promontorio por el túnel de La Cuevita.
Reuniendo así el nuevo parque lo pintoresco de sus paisajes a sus múltiples diversiones y su exposición zoológica, tendrá asegurada para siempre una numerosa concurrencia, y esta podrá, a su vez, sentirse plenamente compensada del gasto exiguo que le demandará su sostenimiento y ampliación.
Desde este punto de vista, diré de paso, que el renombrado jardín zoológico de Buenos Aires, después de cubrir todos sus gastos, ofrece todavía una renta apreciable a la municipalidad.
La obra, en su estado actual, no abarca más que la mitad del terreno que le ha sido asignado, cuya extensión alcanza a 20 hectáreas.
Dentro de algunos años, embellecido y ampliado por el desarrollo de sus plantaciones y detalles ofrecerá una faz distinta. Ya vendrá la fresca sombra de la verde arboleda, engarzada en la polícroma alfombra del jardín; ya los hoy deslucidos paredones de la vieja barranca, estarán ataviados de enredaderas floridas; el perenne descenso de las aguas cristalinas, difundirá su rumor somnoliento por todo el contorno; la orquesta primorosa de las aves, será alternada por el bramido profundo y solemne de las fieras; los recovecos y quebradas estarán guarnecidos de esbeltos follajes; y allá, hacia el fondo, el dormido lago, reflejando en su rostro apacible, a la vez que la bóveda azul de lo alto, el conjunto armonioso y poético del parque zoológico.
Antes de terminar, señores, permitidme que, a riesgo de contrariar la modestia de un delicado espíritu y una alta mentalidad argentina, rinda el debido homenaje de justicia para una persona que está aquí presente, y a quien corresponden, casi por entero, los honores de esta jornada. Ya sabeis que me refiero al excelentísimo señor gobernador de la provincia, doctor Ramón J. Cárcano.
Cuentase del gran Sarmiento, grande entre los más grandes estadistas argentinos, que él personalmente, siendo presidente de la República plantaba con fervoroso entusiasmo los primeros árboles del hoy famoso parque de Palermo. Quiera la gratitud del noble pueblo de Córdoba, en fecha no lejana, cuando ya esta obra sea igualmente famosa, recordar que fue el doctor Cárcano, ilustre entre sus más ilustres gobernantes, quien plantó también con apasionado empeño y con sus propias manos los primeros arbustos de este parque zoológico.»

El Jardín Zoológico│Una maravilla de la naturaleza y del arte paisajista
(Detalle metro por metro del Jardín Zoológico en su día inaugural. Descripción a cargo de la redacción del diario Los Principios, publicada en su edición del Sábado 25 de Diciembre de 1915)

Con asistencia oficial del gobernador de la provincia, de los ministros y altas autoridades judiciales, religiosas y militares, efectuaráse esta tarde a las 5.30 pm la solemne inauguración de nuestro Jardín Zoológico, de cuyo proyecto es autor y ejecutor el señor José Scherer, biólogo distinguido y notable paisajista. Grande es la expectativa que ha despertado en nuestro mundo social la inauguración de hoy; bastará mencionar que las invitaciones han sido solicitadísimas, habiendose distribuido ocho mil tarjetas.
El público seleccionado que esta tarde invadirá la antigua ‘Barranca de los loros’ y quebradas laterales sabrá apreciar de visu, con intuición artística, el valor de esta joya que la naturaleza ha deparado a Córdoba, y la labor intensa y verdaderamente artística que allí se ha desplegado en el breve plazo de un año cabal, bajo la dirección del genial autor y ejecutor del proyecto.
Consignaremos brevemente algunos detalles generales de nuestro nuevo Jardín Zoológico, satisfaciendo así una natural curiosidad de nuestros lectores.
La grandiosa barranca o valle principal, conocida por “de los loros”, con una docena de pintorescas quebradas laterales de extensión variada, constituyen el accidentado y variadísimo radio dentro del cual ha surgido nuestro Jardín Zoológico; barrancas dominadas y en parte estrechadas por gigantescos paredones cortados a pique, ora áridas y desnudas, ora adornadas con plantas trepadoras, enredaderas, cactus y árboles y arbustos variados de nuestra flora indígena. Desde el fondo de las mismas como desde sus crestas la vista abarca un panorama de perspectivas múltiples, con variación sorprendente de paisajes agrestes y pintorescos, llevándose la impresión de hallarse en algún valle de la Sierra Grande.
Desde el Parque Sarmiento, constituye el acceso un vasto hemiciclo con plano inclinado, revestido de césped, representando un prado alpino, surcado de cinco arroyuelos que se juntan mas abajo. Pedazos de roca y piedra diseminadas al azar, alternando con grupos de arbustos silvestres: tabaquillo, quebrachillo, casia, garabato, romerillo, coco, etc., completan la ilusión del paisaje, realzado por senderos en zig-zag, puentecitos rústicos y casitas alpinas diseminadas, que servirán de morada a liebres de Patagonia y otros roedores. A la izquierda, entre bloques de piedra caliza, un aquarium para peces, con plantas acuáticas, y en el fondo, a la derecha, otro aquarium marino, excavado en el paredón a pique de la barranca.
En el término del hemiciclo, a la izquierda, el ascensor familiar, y contiguo al mismo, una hermosa cascada, que cae desde una altura de 15 metros en forma de ancho espejo sobre bloques de piedra, en cuyo intersticios se mecen helechos, plantas acuáticas y enredaderas silvestres. En el centro del plano inferior del hemiciclo, levantase el elegante pabellón de los monos, cuyos traviesos moradores harán seguramente las delicias de nuestro mundo pequeño. Al pie de la cascada, un amplio receptáculo de piedra rústica, en cuyas aguas se debate la foca marina.
En el plano inferior del hemiciclo, contiguo a la cascada, los altos paredones de uno y otro lado estrechándose repentinamente, formando una garganta o desfiladero, a cuya entrada encuéntrase la estación “Cascada” del ferrocarril liliputiense, cuyos rieles recorren todo el jardín, y del cual nos ocuparemos luego.
La estación minúscula, en forma de elegante pabellón de madera, está dominada a derecha e izquierda por los altos paredones, revestidos en su base por arbustos y plantas silvestres: zarza mora, clematis, pasifloras y otras enredaderas se balancean desde las alturas, tapizando la gigantesca muralla.
En el fondo de la garganta, y costeando la vía del tren, serpentea el arroyuelo, murmullando en su lecho de piedras, en cuyas orillas, alternan árboles y arbustos diversos.
A la salida de la garganta, en el fondo de una pequeña barranca lateral de la derecha, agreste y desnuda, con paredones perpendiculares, encuéntrase la morada del león africano, encuadrada dentro de un marco de severidad y retiro propio del rey de los animales. Una escalinata rústica de acceso a la vasta gruta excavada en el paredón, precedida de un pretil, y aislada por alta y sólida verja de fierro, tras de la cual se exhibe un casal de leones de África.
En frente de la entrada, en el valle principal, en una isla formada por el arroyo, se levanta una casita para nutrias, y a los lados, cuatro elegantes pajareras pobladas con papagayos, faisanes, cacatúas y otras aves de vistoso plumaje; a media altura, sobre un camino serrano, otras jaulas, y puentes rústicos, cruzan el arroyo principal, comunicando ambas orillas.
Un poco más adelante, en otra quebrada de la derecha, encuéntrase la gruta de los tigres, de estilo y construcción igual a la de sus congéneres leoninos. Por ahora, cuenta con un solo huésped: un hermoso jaguar o sea tigre americano, oriundo de las selvas del Brasil.
A la izquierda, una quebrada pequeña sirve de morada provisoria a un ciervo asiático y dos ciervos axis; al lado, en rústica cabaña serrana, de rollizos de madera, un casal de guanacos, y a continuación, dos coatís. Una laguna, con su pabellón de refugio en el centro sirve de solaz a gansos, patos, gaviotas y otras aves acuáticas, a las cuales formarán compañía más luego algunos carpinchos. Sobre la izquierda, a media altura de la falda, una elegante y espaciosa jaula, con su baño y demás comodidades sirve de residencia a dos ejemplares de nuestro león, o sea el puma americano.
Contiguo, dos pecarís, especie de jabalí de los bosques del norte de la República. A esta altura, ábrase sobre la derecha una extensa y hermosa quebrada, tapizada de vegetación silvestre arborescente y plantas y enredaderas diversas; en su extremidad, y superpuesta a sus bordes, extiéndense en suave declive las frondosas arboledas y verde césped del Parque Sarmiento, formándole un hermoso marco de verde esmeralda que llega hasta sus paredones, contrastando en tonalidades soberbias con la nota agreste y selvática del paisaje de la quebrada. Esta aún está en los comienzos de su transformación, y en nuestro concepto, será más tarde uno de los parajes de mayor atracción para los que saben apreciar las bellezas de la naturaleza, realzadas por contrastes armoniosos y variados. Según el proyecto del señor Scherer, será destinada a paseo y atravesada en toda su longitud por la vía del tren en doble recorrido. En el fondo, una cascada precipitaráse desde considerable altura, y sus aguas, después de formar un pequeño lago, surcarán la quebrada hasta unirse al arroyo del valle principal. Al lado de la cascada, una inmensa “volière” de tejido alambre adaptada a los altos paredones, encerrará casi en plena libertad a cóndores y otros rapaces gigantes de
la cordillera. Plantas trepadoras de diversas clases servirán de techo a parajes ocultos y románticos.
Volviendo al valle principal, en frente de la anterior quebrada, y excavado en el paredón desnudo y cortado a pique, se ve un gran palomar, cuyas numerosas aberturas, alineadas y simétricas, le dan aspecto de un bastión fortificado; mas adelante, un torreón medioeval se yergue sobre empinada roca. En este punto, el valle principal ha ido ensanchándose paulatinamente, abriéndose en plano ligeramente accidentado; levantase allí dos jaulas octogonales con rapaces (águilas, buitres, congos), kiosco para conejos de diversas razas, vizcachas y otros roedores.
Sigue el fondo del valle en bajo ondulado, con arbustos diversos, bañado por el arroyo que cruzan puentes rústicos, entre ellos el del ferrocarril, casitas para perdices y pequeños carnívoros, y un pequeño dique. Este sitio, cercado de alambre tejido, sirve de residencia, amplia y cómoda, a los rumiantes y avestruces; vénse allí guanacos, llamas, cabras del monte y ovejas de varias razas; avestruces africanos y nuestro avestruz americano (ñandú). En una rinconada, sobre la izquierda, rodeado de altos paredones, en jaula espaciosa un oso pardo europeo. Mas adelante, sobre la izquierda, y dominando el lago que dentro de quince días habrá reemplazado el extenso bajo que por ahora aún subsiste, se levanta la rústica construcción del tambo, cuyo estilo y techo pajizo, de forma puntiaguda nos recuerda las antiguas casas de labriegos de las campiñas holandesas y alemanas. Al lado, tres chozas en forma de hongo y techo pajizo. En estas construcciones, mujeres con trajes de aldeanas holandesas expenderán leche recién ordeñada de un grupo de vacas encerradas en un corral anexo.
La ubicación pintoresca de este tambo, su situación dominante sobre el futuro lago y la entrada del valle grande y quebradas laterales, la isla que en frente, emergerá del lago, la vía férrea, el túnel y demás contornos variados y pintorescos, convertirán seguramente este sitio en “rendez-vous” de nuestro mundo social, y escenario propicio para flirts intensivos de nuestra “jeunesse dorée”. El tambo holandés será sin duda el “clou” de la instalación.
Sobre una eminencia, dominando también el lago, se levanta el chalet de la administración del Jardín. Sobre la explanada continua, instalaránse en breve aparatos para ejercicios físicos, columpios, etc. Del otro lado del lago, cerca de la entrada del túnel, proyéctase una gran montaña rusa de 120 metros de largo, para la cual la naturaleza ya ha dispuesto todo en forma ideal. Hacia el fondo, cerrando la cuenca del lago, un gran dique de represa, sobre el cual, pasará el tren al salir del túnel cuya boca divisa en frente. En el lago habrá botes, y en la isla del centro levántase un pabellón-confitería.
Lo reducido del espacio de que disponemos no nos permite por ahora extendernos mayormente, para hacer conocer de nuestros lectores muchos otros detalles interesantes, especialmente en la parte adyacente al lago, y hablarles algo del proyectado “valle tropical”, que será, una vez concluido, otra maravilla.
Nos limitaremos, pues, a consignar algunos datos sobre el ferrocarril liliputiense, que hará las delicias de nuestro mundo infantil. Su tren se compone de una locomotora y 5 coches, con capacidad para 4 personas grandes o 6 niños; sale de la estación Cascada y recorre por ahora 1km y medio, atravesando un túnel excavado debajo de la barranca, pasa por el dique, da vuelta todo el lago y regresa a la estación por el valle principal.
Numerosos y valiosos animales no podrán exhibirse hoy, por no haberse terminado las jaulas en que deben instalarse. Así mismo, en su estado actual, con muchas obras apenas esbozadas, el Jardín Zoológico será una grata sorpresa para todos.

El Jardín Zoológico│La gran fiesta inaugural
(Detalle del desenvolvimiento de la comitiva oficial y de la gente en el día inaugural. Descripción a cargo de la redacción del diario Los Principios, publicada en su edición del Martes 28 de Diciembre de 1915)

A las 5 y 30 del Sabado, como estaba anunciado, se verificó la inauguración de nuestro Jardín Zoológico. La tarde, tranquila y apacible, propició el acto con su ambiente tibio y acariciador, haciendo las delicias de la numerosísima concurrencia que desde temprano llenaba los jardines. Las niñas, con sus vestidos multicolores, semejaban puñados de rosas lozanas festoneando el césped verde y perfumado, mientras que los chicos correteaban juguetones por los senderos, alegrando el paisaje con su movimiento y el eco de sus risas infantiles.
A la hora fijada llegó al jardín la comitiva oficial, escoltada por un piquete del Escuadrón de Seguridad en traje de rigurosa gala.
Formaban parte de la comitiva el gobernador de la provincia, el vice gobernador, los ministros de gobierno y de obras públicas, el obispo diocesano con los obispos auxiliares monseñores Dávila y Luque, y secretario del obispado canónigo Ferreyra, el director del Zoo de Buenos Aires, doctor Clemente Onelli, el intendente municipal, jefe de policía, senadores, diputados, el general Proto Ordóñez, con el jefe de su estado mayor Coronel Diego Torres y el jefe del regimiento 14 de infantería teniente coronel Juan Welmeskirsch, y muchos otros representantes de nuestra sociedad.
Eran esperados a la puerta del jardín por el director señor José Scherer que fue muy felicitado por su ardua y profícua labor, y dedicación y constancia tan encomiables con que ha logrado transformar, en tan solo un año de rudo trabajo, aquellas incultas barrancas en un paraje maravilloso.
Es imposible pintar con sus justos colores el armonioso y agreste conjunto del promontorio erguido y la pendiente suave, tapizada de mullida capa de gramínea, el fino tamiz en que bulliciosa se deshace la cascada, el curso juguetón del hilito de agua cristalina que corretea por surco bordeado de plantas, y el agua tersa y plateada por los últimos rayos vespertinos, que tranquila reposa en el estanque, de todo aquello, en fin, impregnado de frescura, vigor y lozanía, que atrae y extasía como el más puro deleite ofrecido por la sabia Naturaleza en su dádiva generosa.
Acto seguido se instalaron lo circunstantes en la tribuna oficial, y dominando todo el valle principal, que ofrecía un aspecto magnífico.
Inició la fiesta el director del Zoo, señor Scherer, pronunciando un discurso muy conceptuoso, en el que hizo una breve reseña de la gestación, desarrollo y feliz realización de su magna obra verdadero y eficientísimo factor del progreso y belleza de Córdoba. Tuvo frases de agradecimiento por la acogida y apoyo eficaz que el gobierno de la provincia ha sabido prestarle, haciendo con ello obra de gran beneficio y adelanto para nuestra bella ciudad.
El señor Scherer fue muy agasajado y su discurso, que insertamos, frenéticamente aplaudido.
En seguida habló el doctor Juan B. González, ministro de obras públicas e industrias, que con su empeño y sus buenos oficios ha contribuido muy eficazmente al éxito del Zoo. Su discurso, muy sencillo y a la vez muy elocuente, supo presentar -aunque con la modestia que su participación descollante le imponía- la gestión administrativa que salvando obstáculos y dificultades, pudo llevar a feliz término el hermoso proyecto del distinguido biólogo profesor Scherer. El doctor González fue muy ovacionado.
Tocóle el turno al doctor Onelli, el eminente director del Zoológico bonaerense, quien, con el estilo galano y facilísimo, salpicado de imágenes pintorescas y felices digresiones ya conocido de nuestro público transmitió, -en su decir- el gentil saludo de sus pensionistas porteños a los noveles ocupantes del Zoo cordobés. Su disertación, corta pero muy expresiva, fue muy agradablemente recibida y comentada por la selecta concurrencia. Monseñor Bustos, nuestro ilustrado obispo diocesano, con el ceremonial de práctica procedió solemnemente a bendecir el jardín, derramando agua bendita en el césped, secundado por los obispos auxiliares; tomó enseguida la palabra y con su tono grave y sentencioso pronunció una alocución muy oportuna y expresiva qué abundó en ilustrados conceptos y citas históricas. Monseñor Bustos fue muy felicitado por su sentido discuro, que nos complacemos en reproducir.
En seguida la comitiva abandonó el palco oficial y conducida por el señor Scherer visitó las instalaciones del vasto jardín, el pabellón circular de los monos, que con sus picarescas actitudes y sus brincos monopolizaban el interés de la concurrencia menor, la imponente cascada y su lindo estanque, donde la foca excitaba la pública curiosidad.
Llegados a la estación “Cascada’’ esperaba al señor gobernador y acompañantes el tren liliputiense, que seguramente era el “clou” de la fiesta, pues estaba materialmente bloqueado por apiñada y heterogénea multitud. Su vía recorre sinuosa los caminitos caprichosos del parque hasta internarse bruscamente en el túnel de “La Cuevita”, donde, por la curva de su trazado, la obscuridad resulta completa.
Al salir de la “Cuevita” sigue el pequeño railway costeando las barrancas y después de pasar por un improvisado pero sólido puentecillo sobre la hondonada que luego será hermoso lago, torna a la izquierda en espaciosa curva hasta llegar al tambo donde el convoy hizo alto para visitar sus novedosas construcciones. El gobernador y sus acompañantes gustaron en sendos vasos servidos por mujeres en atavíos de carácter, de la leche recién ordeñada, mientras se examinaba y elogiaba las excelentes instalaciones del tambo y pabellones adyacentes.
Reanudóse luego la marcha para volver a la estación “Cascada” donde la comitiva cedió el tencito a las familias de Cárcano, Garzón Maceda, Beltrán, Onelli, y muchas otras que con alegres comentarios festejaron el pasaje del túnel y puentecito, como tambien la zafadura de los rieles de la diminuta locomotora, causada por lo cerrado de una curva y la cantidad de arena acumulada en ella por el tránsito numerosísimo de los visitantes. Felizmente en seguida restituyose la máquina a su natural asiento, mediante la oportuna intervención del señor Scherer, volviéndose rápidamente a la estación de partida, con lo que la comitiva emprendió el regreso a la ciudad, reiterándose al doctor Scherer las efusivas felicitaciones y encomiásticos conceptos motivados por su actuación al frente del hermoso jardín.
Retiráronse asi mismo las familias que desde el principio se diseminaron por todo el parque a su placer, admirando la belleza y atractivo del paisaje, a los últimos acordes de alegres marchas ejecutadas por la banda de la provincia y otras particulares que prestaron su concurso a la brillantez del acto, auspiciado -como dijimos- : por la tibieza del ambiente y serenidad de la atmósfera de una tarde primaveral.

Extraordinario servicio de tranvías│Número de boletos vendidos
(Detalle del movimiento del transporte público. Descripción a cargo de la redacción del diario Los Principios)

Con motivo de la inauguración del Zoológico, el Sábado, el movimiento circulatorio de tranvías eléctricos ha sido extraordinario, tanto en este día, como el Domingo, habiendo en proporción aumentado sus entradas la empresa.
La compañía lanzó al servicio, 50 coches de recorrido por todas las líneas, pero seguramente de aumentar ese número, la cantidad de viajantes habría sido mucho mayor y en consecuencia la utilidad, quedando esto demostrado por la gran suma de personas que descorazonadas de esperar ubicación en los tranvías, que en su mayor parte iban completos, optaban por efectuar ya ida o de regreso, el viaje a pie al Parque Sarmiento.
La venta de boletos hecha por los guardas de la empresa, el día 25, ascendió a 29.100, y no es aventurado calcular que la mitad de los pasajeros que los adquirieran, fueran exclusivamente a visitar el nuevo y hermoso Jardín Zoológico.
En cuanto al expendio de boletos, anteayer, fue de 29.395, debiendo manifestar que en ambos días, además del número de coches distribuidos en las cinco líneas, habian catorce especiales circulando tan solo entre el Chalet Crisol y calle 25 de Mayo.
Como suele ocurrir en días de anormal movimiento, una parte del público viajante contribuía a la interrupción del servicio y al estacionamiento de coches, trepando a ellos no obstante ir completos, negándose a descender a pesar de las advertencias de los respectivos guardas.

El Jardín Zoológico.
La iniciativa de crear en Córdoba un jardín zoológico surgió de la propuesta que realizó Miguel Crisol en 1886 al trazar el barrio de Nueva Córdoba. En el artículo nueve del contrato celebrado con el gobierno se preveía una sección para zoológico. Pero en el proyecto del parque del arquitecto Charles Thays no estaba incluido un zoo. Po otro lado, el Parque Las Heras contó con un pequeño zoológico y para la Exposición de 1871, en el predio levantado a tal fin frente al actual Paseo Sobremonte, también se creó un pequeño zoo con distintas especies del país.
Ya con el doctor Ramón J. Cárcano como gobernador recién se aprobó, el 16 de Diciembre de 1914, el proyecto para la construcción del zoo en una zona cuya superficie ocupaba 20 hectáreas y que se denominaba como “la barranca de los loros”.
En ese tiempo en los alrededores del zoo se demolió el chalét Crisol y se encargó en 1912 al arquitecto Juan Kronfuss que proyectara en ese mismo lugar el Museo Provincial.
Tambien se parquizaba la actual plaza España y se pavimentaba y ensanchaba en 60 metros la avenida Argentina (actual Hipólito Yrigoyen), entre la plaza mencionada y la plazoleta del monumento a Deán Funes. Y en el parque se introdujeron importantes cambios como la instalación de focos eléctricos, nuevas calles sobre las barrancas, plantas y asilo de niños al fondo del parque. En 1915 se plantaron árboles en la avenida Argentina y en la misma fecha se construyó el Pabellón de las Industrias.
El gobierno apoyó diversas obras, como la construcción de una verja y portón contratados a Juan B. Villella, se aprobó la construcción de casillas, galpones y jaulas que realizaron los reclusos de la penitenciaría, dirigida en aquel entonces por Antonio Amaya. Otras obras fueron las cascadas que alimentaban la pileta de los lobos marinos, como el simpático “tren liliputiense”, ofrecido primeramente por la casa “Rathje y Cía.” y luego adquirido en $ 7.261,28 a los señores Orestein y Arturo Koppel.
Recien el zoo se inauguró el 25 de Diciembre de 1915.
El mismo Scherer donó en 1917 la estatua a la Libertad realizada por el escultor B. Bazzini Barros. En tanto que el arquitecto Juan Kronfuss desde su función en el gobierno de Cárcano proyectó numerosas jaulas como la “mansión” del elefante, la del oso pardo y pantera, con un lenguaje arquitectónico que se aproximaba al hábitat de sus usuarios. También el no menos conocido artista Juan Puig proyectó el gran árbol de cemento donde se ubicaron las aves rapaces.
Sucedió a Scherer el ex fundador y director del zoológico de La Plata Sr. Alfredo S. Plot, y posteriormente Alfredo Moreyra Ross. En tanto que en 1925 mientras se encontraba al frente de la dirección de parques y paseos el ingeniero Blacque Belair, infructuosamente se proyectó ampliar el predio hasta 32 hectáreas, donde se realizarían importantes reformas. Cuatro años después se introdujeron numerosos animales, mientras que en 1932 actuaría el circo Broadway, al mismo tiempo que llegaba el elefante Bundu. En 1942 se construyó la portada de ingreso al zoológico, proyectada por el arquitecto Miguel Juárez Cáceres, cuando el ministro de obras públicas ingeniero Héctor Bobone había emprendido importantes construcciones en el parque Sarmiento.

Vocablos de época y su significado:
"volière": pajarera.
"rendez-vous": cita; lugar de encuentro.
"flirts": amoríos, aventuras, coqueteos.
"jeunesse dorée": juventud dorada
"clou": atracción principal en un espectáculo o fiesta.

('El Parque Sarmiento' │Carlos A. Page)(Diario Los principios, Diciembre 1915)

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