Fauna & Flora

Postal de época. Prov. La Rioja. Cardones. Fecha de publicación: circa 1920. Foto: Federico Kohlmann.
La Rioja, República Argentina.

Echinopsis atacamensis, llamado comúnmente cardón de la puna, es una especie fanerógama perteneciente a la familia Cactaceae que habita en áreas montañosas o altiplánicas del centro-oeste de América del Sur.
Es endémica del área altiplánica del centro de la Cordillera de los Andes. Se distribuye en las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, y San Juan en la Argentina.
Es una planta perenne, arbórea, carnosa, de color verde, armada de espinas y con las flores de color blanco.
Presenta tallo columnar que puede alcanzar 10 metros de altura. Sus muchas agujas espinosas tienen entre 4 a 14 centímetros de longitud.
La madera se utiliza comúnmente en el noroeste de Argentina en la construcción de los edificios, por ejemplo la iglesia de Cachi. También se hacen puertas y muebles.

(Biblioteca Digital Trapalanda. Biblioteca Nacional Mariano Moreno. http://www.bn.gov.ar/)(WF INC.│Wikimedia Foundation, Inc.)

Fauna & Flora de Antaño

Fauna de Argentina
El territorio de la Argentina incluye una gran variedad de biomas y biotopos, debido a su extensión y las variedades climáticas condicionadas por factores tan diversos como la latitud, altitudes, condiciones edafológicas, etc.
Esta variedad tiene como consecuencia una importante diversidad en la fauna autóctona. Para entender la existencia de las especies animales es menester entender cómo es la red trófica de cada ecosistema y dentro de ella, la de cada biotopo, pero en el caso de Argentina una explicación en detalle resulta casi imposible precisamente debido a la gran diversidad ecológica ya señalada.
Buena parte de la fauna de mamíferos argentinos llegaron hace miles o millones de años desde América del Norte; siendo relativamente pocos los que procediendo del antiguo megacontinente de Gondwana han sobrevivido hasta el presente. Entre estos últimos, los más destacados son los armadillos, osos hormigueros, y marsupiales como las zarigüeyas, el monito del monte o la comadreja colorada y primates (todos platirrinos).
De este modo el territorio argentino (como el de todo el Cono Sur) es señalado como parte de la región faunística y la ecozona neotropical, el clima templado y frío de gran parte del territorio han generado endemismos y evoluciones convergentes y han permitido rápidas aclimataciones de especies provenientes de la región holártica, ya sea de las debidas desde hace casi 9 millones de años por el Gran Intercambio Americano o a las producidas hace medio milenio y hasta el presente.
En cuanto a la avifauna, tal como lo señaló Félix Rodríguez de la Fuente el subcontinente sudamericano se caracteriza por su abundante y extraordinaria avifauna o fauna compuesta por aves existiendo en la Argentina continental americana unas 1400 especies de aves de todo tipo, aunque cuantitativamente se destacan mucho solo algunas decenas y muchas de ellas (a causa del ser humano) bajo riesgo de extinción.

Ecorregiones
El territorio argentino se divide en las siguientes regiones naturales (norte a sur) :
• Puneña y andina del noroeste
• Chaqueña
• Mesopotámica
• Pampeana
• Cuyana
• Andinopatagónica
• Patagónica extraandina
• Oceánica
• Subantártica
• Antártica

Los límites de las regiones tienden a desdibujarse en cuanto a su aspecto faunístico: por ejemplo el puma se encuentra en casi toda la Argentina continental americana. En todo caso existen especies naturalmente más vinculadas a determinados biomas que otras: por ejemplo los monos se encuentran exclusivamente en las zonas selváticas o boscosas más cálidas de Argentina.

Fauna de origen alóctono aclimatada en Argentina
Gran parte de la fauna Argentina fue traída por los inmigrantes europeos, procede de la Región holártica en fechas posteriores a 1492, en particular del sector llamado Región paleártica, es decir desde la mayor parte de Eurasia.
La aclimatación de estas especies se debe a que los biomas naturales argentinos en gran medida son similares a los de Europa y Eurasia en general.
Casi la totalidad de los perros y gatos domésticos proceden de Eurasia sin embargo se han encontrado restos fósiles de perros domésticos peludos que habitaban el territorio argentino hace por lo menos 1000 años, tales perros precolombinos parecen haber desaparecido al mezclarse con los perros introducidos por los europeos.
Aun cuando en Argentina los yámana hubieran domesticado el culpeu o culpeo creando una raza autóctona de "perro" llamado perro fueguino, perro entre comillas ya que a diferencia de los auténticos perros éste no descendía del lobo.
Todos los equinos hoy existentes en Argentina son de origen eurasiático, dándose la paradoja de que durante el pleistoceno existieron grandes tropillas de "caballos" autóctonos, los cuales habrían desaparecido -pareciera- por epizootias.
En todo caso, los españoles introdujeron los primeros caballos del tipo actual, vacunos, perros (en un principio perros de caza y perros de combate además de ratoneros como el bodeguero andaluz), cerdos ( comúnmente llamados en Argentina: "chanchos"), ovinos, caprinos, gatos domésticos, asnos (llamados comúnmente en Argentina: burros) y gran variedad de gallináceas domésticas y palomas mensajeras como la Columba livia.
Tal irrupción de nuevas especies directamente traídas desde Europa ocurrió hace prácticamente ya medio milenio, por lo que hoy resulta muy difícil considerar "alóctonos" a los animales mencionados, en efecto, a poco de ser introducidos, y al encontrar nichos ecológicos vacíos por la desaparición de la megafauna pleistocénica, el número de animales procedentes de Europa y la cuenca del Mediterráneo se multiplicó de un modo prodigioso, especialmente en la Región Pampeana que presenta elementos ecológicos similares a los de la Europa templada y meridional.
De este modo las tropillas de caballos salvajes, las greyes de vobinos y las jaurías de "perros cimarrones" fueron enormes ya en el s XVII (gran parte del acervo genético del perro de pelea cordobés y luego su actual descendiente el dogo argentino proceden de los perros de guerra luego cimarronizados importados por los conquistadores españoles), algo similar sucedió con los caprinos en las zonas montañosas del centro y norte del país.
Basta leer el informe del teniente coronel inglés Holland durante las Invasiones inglesas, o los comentarios de viajeros y naturalistas como Charles Darwin, Félix de Azara, Alcide d'Orbigny, Aimé Bonpland, Thaddeus Haenke, Martin de Moussy, Concolorcorvo, Hermann Burmeister etc para dar fe de su sorpresa ante la proliferación y aclimatación de vacunos, equinos, ovinos, caprinos y perros en el territorio argentino.
Es así que surgieron especies "criollas", como el excelente caballo criollo, con innegables orígenes andaluces aunque con una contextura tan curiosa que se supone tiene algunos genes de asno a través de alguna mula excepcionalmente fértil (el noroeste argentino era territorio de cría de mulas para el transporte en zonas montañosas de las producciones mineras del Alto Perú).
Una segunda etapa de introducción -casi- masiva de especies alóctonas ocurre desde la segunda mitad de s XIX, muchos "estancieros" quisieron practicar las "artes venatorias" típicas de Europa y es así que con fines cinegéticos se introdujeron jabalíes, y grandes ciervos como el ciervo colorado o los ciervos axis y dama, también se introdujeron cabras de Angora, faisanes y pavos, así como los conejos particularmente el llamado conejo Castilla (Oryctolagus cuniculus) y liebres europeas (Lepus europaeus), e incluso, a partir de 1865, el gorrión (Passer domesticus), pájaro que es de los más frecuentes en Argentina.
Con fines similares, aunque ya en los inicios del s. XX se introdujeron renos en Tierra del Fuego y las islas Georgias del Sur, castores (Castor fiber canadensis) , visones americanos (Mustela lutreola vison) y ratas almizcleras (Ondatra zibethicus) -éstas en 1948 casi coetánemente a los castores- en Tierra del Fuego, búfalos y antílopes en la región chaqueña. En diversos sitios, y en especial en la región pampeana próxima a la ciudad de Buenos Aires durante los 90's del s XX se introdujeron -y desde entonces han prosperado- las ardillas de vientre rojo vulgarmente llamadas "ardillas japonesas" (Callosciurus erythraeus) y los estorninos.

Especies extinguidas o en grave peligro
Casi la totalidad de las extinciones de especies modernas se ha debido directa o indirectamente a la acción humana. La primera extinción importante de especies se produjo hace aproximadamente entre unos diez mil a 8500 años antes del presente con la llegada del Homo sapiens al sur del continente americano durante el Pleistoceno.
La extinción de especies está encuadrada dentro de la global extinción masiva del Holoceno; tal extinción afectó principalmente a la megafauna. Bruscos cambios climáticos modificaron los hábitats provocando la extinción de aquellas las especies más sensibles a los cambios, sin capacidad de migración o adaptación.
La megafauna es particularmente vulnerable ya que los animales de grandes proporciones suelen tener pocas crías, es decir una baja tasa de reposición.
Entre las especies desaparecidas entonces cabe mencionar a paquidermos como el mastodonte (Stegomastodon superbus) el cual llegó a sobrevivir en la región pampeana hasta hace unos tres mil años, osos gigantes como el Arctodus o el oso de las pampas (Arctotherium bonariensis), el tigre dientes de sable (no confundir con el tigre marsupial del Mioceno); Toxodon platensis; equinos como el Hippidion bonariensis (cuyos restos han aparecido como parte de alimento para los humanos en varios sitios como el de Los Toldos en la provincia de Santa Cruz y el de Arroyo Seco en la provincia de Buenos Aires); armadillos gigantes como el Pampatherium; especies semejantes a los armadillos aunque del género Glyptodontidae: gliptodonte (en especial la especie Doedicurus clavicaudatus y Doedicuris, de gran tamaño que hace 8000 años coexistió con los seres humanos.
Camélidos gigantes como la palaeolama y la macrauchenia (Macrauchenia patachonica) perteneciente al extinto género Litopterna. Neochoerus (carpincho gigante) cuyo antecesor parece haber sido (muchos millones de años antes) el mayor roedor conocido del planeta: el Josephoartigasia monesi; perezosos gigantes como el megaterio, scelidotherium, Glossotherium, Lestodon, el Morenelaphus o ciervo del pleistoceno, el Mesotherium y el milodonte y quizás se asocia a un animal mítico llamado sukkarath por los pueblos indígenas.
La otra importante desaparición masiva de especies por causas antrópicas se produjo a partir del s XVI con la llegada de los europeos, esta extinción de especies o -en todo caso su puesta en peligro de extinción- se debió más que a la caza, a la competencia con las especies traídas por los conquistadores, en tal sentido los perros cimarrones implicaron un muy serio peligro para otras especies.
Sin embargo es recién a partir de la segunda mitad de s XIX que se producen matanzas masivas de animales silvestres, en muchos casos por ser considerados "plagas" para la agricultura y la ganadería, en otros por la obtención a nivel industrial (masivo) de recursos a partir de ellos (pieles, aceites, plumas etc.). Así fueron extinguidos el guará (Dusicyon australis -los británicos lo exterminaron por su piel y porque lo consideraban un peligro para los rebaños de ovejas que habían importado, notar que la mayoría de las ovejas traídas por los ingleses eran de la especie de origen español llamada en Argentina con el nombre de merino), el chorlo polar (Numenius borealis) -el chorlo polar era un ave que migraba desde Alaska y Canadá, su extinción fue producida principalmente en los Estados Unidos-, y el guacamayo azul (Anodorhynchus glaucus).
Una especie cuyos ancestros eran eurasiáticos aunque criolla argentina fue la vaca ñata extinguida al parecer a inicios de s. XX (una de las explicaciones para la extinción de tan singular bóvido se encuentra en la mezcla con especies traídas desde Europa (Shorthorn, Hereford, Abeerden-Angus, Holando, Holstein etc.) a fines de s. XIX e inicios de s. XX.

Flora de Argentina
Se pueden señalar seis regiones con grandes agrupamientos de ejemplares. típicos que forman verdaderos bosques.
En la región Misionera la mayor riqueza forestal está presentada por la araucaria Artgustifolia (pino Paraná), que es materia prima en la fabricación de papel, hasta ahora importado. del Brasil, y con la. cual se han efectuado grandes plantaciones y reforestaciones. Aquí hay también guatambú, incienso, cedro, palo, de rosa, lapacho, cancharana, guayaibí y peterebí.
En la Chaqueña los ejemplares más difundidos son el quebracho colorado, del cual se extrae el tanino y que se emplea para hacer durmientes; el guayacán y el urunday, que son, también, productores de tanino —de menor porcentaje— y se aplican a los mismos usos que el quebracho; el lapacho, guayaibí, tatané, timbó, chañar y virapitá.
En la Santiagueña los árboles más representativos son el quebracho santiagueño (diferente del. chaqueño por su menor contenido tánico), el palo santo (del que se extrae el guayacol, aceite esencial usado en perfumería>, itín, vinal (declarada plago nacional porque sus. espinas lastiman al ganado y por su fácil dispersión), algarrobo (utilizado para la fabricación de. porqués, pavimento de calles y toneles), quebracho blanco (empleado para porqués, durmientes y carbón —7.300 calorías—).
Del proceso de carbonización se obtiene alquitrán, ácido , piroleñoso, creosoto, guayacol, ácido acético, alcohol metílico y otros dentados. Con elementos residuales se preparan briquetas.
En la región Tucumano-Oranense aparece como especie mas característica el Arundel, con las propiedades y los usos de los dos quebrachos. Se encuentran también timbó, guayacán, guayaibi, palo santo, etc..
De la Pampeana o Central el único ejemplar de significación forestal es el caldén, empleado en parqués y pavimento de calles, así como combustible (4.200 calorías).
La región Andino-patagónica presenta el gigante de la flora subantártica, el alerce, de hasta 70 m de altura, de valor similar al pino “spruce”. En concentraciones mayores se encuentran el pehuén o araucaria araucana (superior al pino Paraná y de piñones comestibles), el ciprés (dispersado por todo el país como poste telefónico, después de un tratamiento químico), el coihué (gigante que alcanza hasta 45 m. de altura y 3 m. de diámetro, de madera pesada —no flota en el agua—, usado en muebles y toneles), roble pellín (apto para ebanistería, armazones navales, mueblerías, hélices de aviones, etc.), raulí, lenga y canelo. Este último ejemplar predomino en Tierra del Fuego.
Los bosques cubren el 21 % del territorio nacional, o sea, 60.000.000 de ha. A las existencias naturales se empiezan a sumar ahora millones de ejemplares por medio de distintos planes de reforestación.
Últimamente en la provincia de Jujuy se inició la plantación en gran escala, de eucaliptos; en Misiones se plantaron 9.000.000 de pinos Paraná; en el Delta hay 100.000 ha; de álamos y sauce-álamos; en la región de Concordia se ha comenzado a realizar plantaciones con pinos importados de Georgia.
El origen del proyecto Flora Argentina (Plantas Vasculares) se vincula con emprendimientos previos, todos ellos generados por el interés común del medio y del gobierno de conocer las características y propiedades de los recursos naturales del territorio nacional.
El primero de ellos está estrechamente vinculado con la creación de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba en 1873, cuyo Reglamento (que data del 10 de enero de 1874) establece entre sus funciones la de “Explorar y hacer conocer las riquezas naturales del país, fomentando sus gabinetes, laboratorios y museos...”.
También se crean, para el cumplimiento de sus funciones, Establecimientos destinados a alojar las Colecciones de Mineralogía, Zoología y Botánica y una Biblioteca.
Fue uno de los primeros académicos, Paul Gunther Lorentz, quien inició las colecciones botánicas nacionales explorando las Sierras de Córdoba en el verano 1870-71; luego realizaría otras campañas al noroeste argentino, acompañado primero por el mineralogista Adolf Stelzner y luego por el botánico Geog Hieronymus.
A partir de las plantas coleccionadas por Lorentz, se publicaron los dos primero libros sobre la Flora Argentina: Plantae Lorentzianae (1874) y Symbolae ad Floram Argentinam (1879).
El autor de ambas publicaciones fue el reconocido Profesor August Grisebach, de la Universidad de Goettingen, a quien le fueron remitidos los originales de las colecciones, quedando en Córdoba los duplicados. En su obra, Grisebach reconoce 3192 taxones entre especies y variedades, de los cuales 720 fueron descriptos por primera vez. Ya en el siglo XX, merecen ser mencionados como pioneros Carlos Spegazzini, quien iniciara el estudio de distintas Floras regionales (de la Provincia de Buenos Aires, de la Sierra de la Ventana, de Tandil, de La Plata (1901), que quedaron inconclusas y Hans Seckt (1918) con su Flora Bonariensis, la que sólo permite el reconocimiento de las plantas a nivel genérico.
Entre 1943 y 1956, en el Instituto Miguel Lillo de Tucumán, H. R. Descole y colaboradores gestaron y desarrollaron parcialmente un proyecto de flora nacional del que sólo pudo concretarse la publicación de cinco volúmenes magníficamente editados e ilustrados, bajo el título Genera et species plantarum argentinarum.
En 1953, aparece el Manual de la Flora de los alrededores de Buenos Aires, de Ángel L. Cabrera, obra que bien puede considerarse la primera completa sobre el estudio florístico de una región determinada del territorio nacional. Poco tiempo después, en una reunión convocada por el Ing. Arturo Ragonese, los botánicos argentinos sientan las bases de un programa sobre Floras Regionales, el que se instaura en 1959.
A raíz de ello, el INTA firma convenios con diversas Instituciones, primero con el Museo de La Plata, para que el Dr. Ángel L. Cabrera y sus colaboradores, lleven a cabo la Flora de la Provincia de Buenos Aires.
En 1967, el CONICET crea un Comité Nacional para el Programa Biológico Internacional, destinado a elaborar un Programa Argentino en el marco del IBP (Internacional Biological Programme).
Los temas que integraron el Programa fueron escogidos en función de su “real necesidad para la Argentina en lo concerniente a los mecanismos de la producción biológica, la adaptabilidad humana y la conservación de los recursos de la biosfera”.
Uno de los temas dentro de Productividad Terrestre fue el de las Floras Regionales (Programa PROFLOR), en el que estaban incorporados, entre otros, estudios sobre ciertas floras (Jujuy, Patagonia, Entre Ríos, Centro de Argentina, Noreste, Mendoza) o sobre familias complejas (Gramíneas, Crucíferas, Quenopodiáceas y Ramnáceas) estudiadas en conjunto para las floras regionales de la Argentina.
La participación argentina al PBI recién pudo iniciarse en 1970 y, con el tiempo, otras floras regionales se agregaron: del Valle de Lerma (Salta), Chaqueña, de Corrientes, San Juan, La Pampa, Santa Fe y Mendoza.
Este proyecto tuvo una influencia decisiva en el desarrollo de los estudios florísticos regionales y, a su amparo, recibieron apoyo los grupos interesados en la taxonomía y florística regional de las Plantas Vasculares.
Desde su creación y hasta 1982, fue su Director Ángel Cabrera, quien fuera sucedido en el cargo por Armando T. Hunziker hasta 1985. Lamentablemente, el programa no perduraría mucho tiempo más, pero sentó las bases para que años más tarde, Armando Hunziker propusiera a las autoridades de CONICET la creación de un programa con características similares.
En paralelo, entre 1982 y 1984, se destaca la obra que, en forma coordinada, se emprendió y concretó en el ámbito de la Sociedad Argentina de Botánica. En ese período, poco más de 60 botánicos mayoritariamente argentinos, con el apoyo económico de CONICET, del INTA y de algunas instituciones privadas, y con la coordinación de Armando T. Hunziker, redactaron un compendio que apareció publicado en 1984 en un volumen especial del Boletín de la Sociedad Argentina de Botánica (volumen 23) con el título “Los géneros de Fanerógamas de Argentina. Claves para su identificación”.
El Museo Botánico de la Universidad Nacional de Córdoba se constituyó como centro operativo para coordinar el proyecto; sus miembros fueron los encargados de diseñar la estructura y constituir un Comité Ejecutivo y una Comisión Asesora, esta última integrada por representantes de varias instituciones botánicas del país. Armando Hunziker fue su primer Director, siendo reemplazado luego de su deceso por F. Zuloaga (Instituto Darwinion) y Ana Anton (Museo Botánico Córdoba).
Cuenta hasta hoy con 105 fascículos publicados, los que cubren más del 25 % del total de las especies.

(WF INC.│Wikimedia Foundation, Inc..)(http://historiaybiografias.com/ http://www2.darwin.edu.ar/proyectos/floraargentina/generos.asp)

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