Cine│Argentina de Antaño

Leonardo Favio y Susana Campos en la película "El Bruto", dirigida por Rubén Cavallotti. Año 1962.

"El Bruto" es una película en blanco y negro de Argentina dirigida por Rubén W. Cavallotti sobre el guion de Arturo Cerretani según la novela homónima de éste, que se estrenó el 3 de mayo de 1962 y que tuvo como protagonistas a Susana Campos, Leonardo Favio, Ricardo Trigo y Selva Alemán.
Sinopsis: una mujer toma conciencia de la brutalidad de su esposo cuando éste se ausenta, y es pretendida por dos hombres.

Dpto. Documentos Fotográficos. Álbum Aficionados. Inventario 5369. Buenos Aires. Argentina. (AGN│Archivo General de la Nación)(WF INC.│Wikimedia Foundation, Inc.)

Cine│Argentina de Antaño

La historia del cine argentino se inicia con la primera exhibición cinematográfica, con vistas de los Lumiére, el 18 de Julio de 1896. En 1894 había llegado el kinetoscopio y, a comienzos de 1896, un concesionario de kinetoscopios había experimentado proyecciones públicas con un aparato de su invención.
En 1897 comenzó la importación de cámaras francesas, y un francés residente en Argentina, Eugene Py, se convirtió en el primer realizador y camarógrafo con el corto La Bandera Argentina.
En 1899, filmando sus propias operaciones quirúrgicas, el doctor Alejandro Posadas inició el cine quirúrgico. (*) Camarógrafo: Eugenio Py, cirujano: Alejandro Posadas, operación: quiste hidatídico de pulmón, lugar: Hospital de Clínicas de Buenos Aires. Es el primer film de una cirugía con anestesia general a nivel mundial. El entonces practicante Rodolfo S. Roccatagliata administrando la anestesia, probablemente, con cloroformo.
En 1900 aparecieron las primeras salas específicamente dedicadas al cine, y los primeros noticieros. Desde entonces, cabe señalar los ensayos de cine sonoro en 1907.
El primer filme de ficción con actores profesionales, se llamó La Revolución de Mayo (1910).
El primer largometraje fue Amalia (1914).
El primer gran éxito, Nobleza Gaucha (1915), costó 25.000 pesos y recaudó medio millón en seis meses, sin contar copias piratas.
El primer largometraje mundial de cine de animación fue El Apóstol (1917), y la primer mujer directora de Latinoamérica, también en 1917.
Entre melodramas, policiales, cintas cómicas y temas camperos; durante el período mudo, se hicieron más de 200 películas; destacándose los asuntos de clima tanguero de José Agustín Ferreyra. Sin embargo, nunca se organizó una verdadera industria, y ni siquiera se conservaron debidamente las películas.
El primer hombre de cine que utiliza en sus producciones un lenguaje cinematográfico fue José Agustín Ferreyra (1889-1943), el Negro Ferreyra, quien realiza un cine de autor. La gente concurría a la proyección de la película porque “dan una de Ferreyra”.

El Cine Sonoro
La verdadera industria surgió con el cine sonoro, en 1933. Casi al mismo tiempo nació Argentina Sono Film, con Tango (1933) dirigida por Luis Moglia Barth, donde debutaron Libertad Lamarque, Tita Merello y Luis Sandrini. Lumiton estrena, una semana después, Los tres berretines (1933), dirigida por Enrique T. Susini con Luis Sandrini. Los tres temas abordados son el tango, el fútbol y el cine encuadrados en un ambiente de familia, protagonizada por Luis Sandrini, con Luis Arata y Aníbal Troilo.
Pronto, éstas, y otras empresas llegaron a producir, en estudios propios, unos treinta filmes anuales que exportaban a toda Latinoamérica; en especial los melodramas de Libertad Lamarque, las cómicas de Sandrini y, más tarde, también las de Niní Marshall. En 1938 ya existían 29 galerías de filmación, aunque de equipamiento todavía precario.
Los principales realizadores eran: El prolífico Moglia Barth. El más prometedor y hábil Manuel Romero realizador de películas como: La Muchachada de a bordo (1936); La muchacha del circo (1937) y Fuera de la ley (1937) drama policial prohibido en New York; y La vida es un tango (1939), entre otros. El riguroso Mario Soffici, fue el autor Prisioneros de la tierra (1939), según encuestas el mejor filme del cine argentino, y otros dramas sociales y también algunas comedias. El poeta suburbano Leopoldo Torres Ríos filmó La vuelta al nido (1938), Pelota de trapo (1948) y Aquello que amamos (1959).
El retórico pero efectivo Luis César Amadori fue el realizador de Dios se lo pague (1947) y Almafuerte (1949). El creador de comedias burguesas, Francisco Mugica, cuenta en su producción con filmes como Así es la vida (1939) y Los martes, orquídeas (1941). También tuvieron su protagonismo los más refinados Daniel Tynaire, Luis Saslavsky, de Alberto de Zavalía y Carlos Borcosque. Pronto se sumaron Carlos Hugo Christensen con sus dramas y comedias de carga erótica como Safo (1943) y El ángel desnudo (1946), los directores de comedias Luis Bayón Herrera y Carlos Schlieper, y el director de cine épico Lucas Demare con: La guerra gaucha (1942) y Su mejor alumno (1944). Tres hechos clave de los años ’40 fueron: En primer término, la formación de la cooperativa Artistas Argentinos Asociados, con buena parte de la “intelligentzia” de la época.
En segundo lugar, la crisis por falta de película virgen (consecuencia de la neutralidad argentina durante la segunda guerra mundial). Y en tercer término, la creciente intervención del Estado desde 1944. Con el tiempo, esto se traduciría en formas de censura, listas negras, reparto discrecional de película virgen y créditos blandos que sólo beneficiaron a los comerciantes de ocasión. El Cine Argentino del ’50 La verdadera industria del cine argentino comenzó recién en 1933, con la afirmación del cine sonoro. Los buenos tiempos, cuando las películas argentinas se veían en toda Iberoamérica, duraron hasta comienzos de los años ’50. Luego, el paulatino cierre de los grandes estudios, el crecimiento de la televisión, el anquilosamiento del cine popular, y el aislamiento de un cine de autor, impusieron otras reglas de juego. Los Isleros (1951) de Lucas Demare, protagonizado por Tita Merello y Arturo García Buhr, es un testimonio de comienzos de la decada del ’50. Se destaca también la calidad del cantante, actor y realizador Hugo del Carril en Las aguas bajan turbias (1952), La Quintrala (1955) y Más allá del olvido (1956).
En 1957 se crearon la Ley de Cine y el Instituto Nacional de Cinematografía (INCA), que desde entonces decide créditos, difusiones… o trabas burocráticas, según la época. Con su respaldo inicial el cine argentino incrementa su producción. Se afirmaron el polemista Leopoldo Torre Nilsson, que pronto alcanzó fama internacional autor de La casa del ángel (1957) y La mano en la trampa (1961); la dupla Fernando Ayala y Héctor Olivera, creadores del sello Aries, con El jefe (1958) y El candidato (1959). El Cine de la Generación del ’60 Tras ellos, llegaron llegaron al cine argentino los miembros de la llamada generación del ’60, ajenos al sistema de estudio, ya demasiado caro y anquilosado. En esa época se destacaron, Simon Feldman con El negoción (1959), David J. Kohon con Tres veces Ana (1961), Martínez Suárez con Dar la cara (1962), Lautaro Murúa con Shunco (1960) y Alias Gardelito (1961), René Mugica con Hombre de la esquina rosada (1962) sobre un cuento de Borges, y Manuel Antin con La cifra impar (1962), sobre un cuento de Cortázar. Paralelamente, Fernando Birri impulsaba su escuela de cine documental, con dos trabajos memorable: Tiré dié (1960) y Los inundados (1962), donde la denuncia realista y el humorismo provinciano hacían una buena combinación.
Fruto de esos tiempos sería otro actor, cantante y director: Leonardo Favio, que debutó con un excelente drama, casi autobiográfico, Crónica de un niño solo (1965). Por la misma época Rodolfo Kuhn dirige la película argentina Pajarito Gómez (1965), nominada al Oso de Oro en el Festival de Berlín. Leonardo Fabio suma luego a su filmografía, El Romance del Aniceto y La Francisca (1967) y El Dependiente (1969). Hacia fines de los ’60 Manuel Antín estrena Don Segundo Sombra (1969). Hacia fines de los ’60 interesó el cine underground de algunos directores de publicidad que experimentaban con el lenguaje. Sobre todo, interesó el ensayo político de Fernando “Pino” Solanas y Octavio Getino en La hora de los hornos (1968). Ambos cineastas pertenecían al Grupo de Cine Liberación y realizaron un trabajo provocativo e innovador, que obtuvo varios premios de la crítica y del público en el exterior. Esta película no se proyectó en los cines argentinos, se exhibía forzosamente, en funciones clandestinas como desafío al gobierno militar de turno. Mucho cine de agitación se desarrolló por esos años. Primavera del Cine Argentino 1973-75 Entre 1973 y 1975, con un gobierno democrático y una economía medianamente estable, el cine argentino alcanzó grandes éxitos de crítica y boletería, como el drama campero Juan Moreira de Leonardo Favio; La Patagonia rebelde (1974) de Héctor Olivera, una historia de represión; La tregua (1974) de Sergio Renán, un romance de oficina candidato al Oscar; y La Raulito (1975) de Lautaro Murúa. Pero la censura y un nuevo gobierno militar, acabaron con esa primavera. El Cine Argentino y su Tiempo de Revancha El desquite vendría después, con Tiempo de revancha (1981) de Adolfo Aristarain, la comedia satírica Plata dulce (1982) de Ayala, y el documental La república perdida (1986) de Miguel Pérez.
En 1984 un gobierno radical acabó con la censura y un cineasta de los ’60, Manuel Antin, fue puesto al frente del INCA. Antin, propició el surgimiento de una nueva generación, que pasó a llamarse del Cine Argentino en Libertad y Democracia. Así surgieron Camila (1984) de María Luisa Bemberg, (otro candidato al Oscar), La historia oficial (1985) de Luis Puenzo, ganador, finalmente, del Oscar, Hombre mirando al sudeste (1986) de Eliseo Subiela, El Exilio de Gardel (1985) de Pino Solanas, La deuda interna (1988) de Miguel Pereira y muchos otros filmes, la mayoría de realizadores jóvenes o postergados que ganaron gran cantidad de premios internacionales, y colocaron sus películas en casi todo el mundo. Sin embargo, la crisis económica argentina de 1989, con su hiperinflación, terminó también con los nuevos sueños.
Convertidos definitivamente en directores-productores dependientes del subsidio oficial o de la coproducción extranjera, los cineastas argentinos se apoyaron en la ley aprobada en 1995, que obliga al video y la televisión a aportar dinero para financiar películas argentinas. Por lo pronto, continúan surgiendo jóvenes realizadores, de mucha creatividad y bajos presupuestos.

Artículo del columnista invitado Paraná Sendrós para surdelsur.com
(*) Dr. Anestesiólogo Adolfo Héctor Venturini. http://surdelsur.com/es/historia-cine-argentino/

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