Santa Fe de Antaño

Postal de época. Rosario. Alberdi. Plaza Santos Dumont.
Editorial Kohlmann. S/f.
Santa Fe, República Argentina.

(AFJS│Archivo Fotográfico Juan Secco)

Santa Fe de Antaño

Rosario, cuna y altar de la bandera patria.
La Historia, ese coloso que al decir de un gran pensador, sostiene sobre su férrea envergadura todo el despertar del Universo, suele deparar a determinadas regiones el orgullo de perpetuarse a través del tiempo y las edades.
Tal lo que ocurre con la ciudad de Rosario, surgida del villorrio incipiente para ir jalonando con el esfuerzo de sus hijos las manifestaciones del progreso que hoy detenta, para presentarse ante los ojos de la República y del mundo como un emporio donde forjan su valía la industria, el comercio, las artes, la ciencia y la cultura general. Sin embargo, a pesar de todo lo que representa para el sentimiento nacional — y esto es una verdad que no se discute —, son muy pocos los turistas que se proponen conocerla en toda su significación real y emotiva.
La ciudad de Rosario, que se levanta sobre la margen derecha del Paraná, nació a la vida de la Nación allá por el año 1665 a raíz de una donación de tierras hecha por la corona de España, formándose un pequeño núcleo de población, engrosado luego con una cantidad de habitantes que se vieron obligados a emigrar a raíz de la destrucción del caserío de Reducción, portadores de la Imagen de la Virgen de Rosario, levantando en la margen del arroyo Ludueña una humilde capilla de adobe para venerar a la santa.
Más tarde, en 1725, llegó al lugar don Francisco de Godoy con su familia y un crecido núcleo de indios calchaquíes. Dicho lugar era conocido con el nombre de Pago de los Arroyos, el que le fue cambiado después, con motivo de la erección de aquel pequeño templo para llamársele Capilla del Rosario de los Arroyos.
La fecha últimamente citada es la que figura en la historia de la ciudad como oficial, lo que sólo se explica por algunas iniciativas que se atribuyen a Godoy. Por razones que sería largo detallar, su desarrollo fue lento, como el de todas las zonas del país, pero ya iba formándose la inquietud natural que sienten todos los pueblos cuando desean avanzar y se lo impiden causas ajenas a su voluntad.
De allí que las primeras noticias llegadas a Rosario relacionadas con la gesta emancipadora fueran acogidas con entusiasmo, porque eran un anticipo destinado a convertir en realidad lo que ya palpitaba en los corazones nativos, que parecían escrutar el horizonte a la espera de legiones argentinas que dieran forma definitiva a las explicables ansias de liberación. Lo que ocurrió después figura en los anales de la patria.
El 27 de Febrero de 1812 aquel villorrio incipiente tuvo el honor de constituirse en cuna de la bandera nacional porque fue en sus imponentes barrancas donde Belgrano hizo flamear por primera vez la enseña celeste y blanca, símbolo pujante de nuestra argentinidad. Un error lamentable.
Hay quienes creen que las ciudades evolucionadas industrial y comercialmente no ejercen atracción a los turistas; craso error este que se desvirtúa cuando los grandes centros poblados llevan unidos a su desarrollo material un cúmulo de bellezas naturales que se entrelazan con las manifestaciones del espíritu, concretadas por el hombre para matizar las expresiones del trabajo con una idealidad que pone notas magníficas de trecho en trecho, hasta desnivelar la monótona canción de las fábricas, donde rechinan y trepidan los engranajes, para trocarla en pinceladas de belleza, traducidas en parques, jardines, centros permanentes de cultura mental y deportiva, diversiones públicas, monumentos que evocan lo pasado, se perpetúan en lo presente, para consolidarse como ejemplos destinados a las generaciones del futuro.
Por innecesaria, no haremos una historia del desarrollo de la ciudad de Rosario. Bástenos decir que todo se lo debe a sus hijos, forjadores de una gran colmena humana que, al unir los villorrios aledaños, constituyeron un todo homogéneo, un centro urbano que enorgullece a propios y extraños, al que un futuro muy cercano depara mayores expansiones ya que se anuncia la instalación de nuevas y grandes industrias. Y esto desde el punto de vista que se centraliza en la ciudad, porque, si destacamos lo que la provincia de Santa Fe significa en las industrias agropecuarias del país, tendríamos que señalarla como una de las mas importantes, ya que allí se instalaron las primeras colonias agrícolas que dieron renombre a la producción cerealista argentina.

(GPT│Guía Peuser de Turismo Año VIII - Nº 8 - 1949)

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