Salta de Antaño

Defensa sobre el Río Calchaquí, encauzamiento. Circa 1910.
Salta, República Argentina.

Dpto. Documentos Fotográficos. Álbum Aficionados. Inventario 211297. Buenos Aires. Argentina. (AGN│Archivo General de la Nación)

Salta de Antaño
Salta│Lugar de históricas evocaciones y bellísimos contornos

Hablar de Salta es como sentirse llevado por una mano patricia a los fastos de la historia nacional. No puede nombrarse ese pedazo de tierra argentina sin prosternarse frente a las hazañas que el recuerdo trae a la memoria.

Una raza fuerte puso en esta provincia contornos epopéyicos, que no borrará jamás la marcha del tiempo. Junto a los varones resueltos a morir o vencer, estaba la mujer salteña que contribuyó a la victoria.
Todavía parece advertirse la figura de doña Martina Gurruchaga, bordando la bandera patria con hilos de oro que habría de flamear vencedora en los campos de batalla.
Todavía se advierten las manos solícitas de las damas que colaboraron con ella antes que Belgrano destrozara al ejército realista, ya brindando hospitalidad en sus viejas casonas a los guerreros, ya procurando informaciones precisas acerca de las actividades del enemigo.
Pero no fue solamente la mujer salteña la que puso coraje en los pechos bravíos. Fue la raza misma la que alentó a les gauchos que Güemes acaudilló para secundar la acción del jefe ilustre.
El general Belgrano encontró en Salta la decisión y el valor de sus hijos para lograr la victoria resonante y escribir en la historia de la revolución emancipadora una página que ningún argentino olvidará mientras haya un hálito en su corazón. Fue la raza misma, repetimos, que intuyó el advenimiento porque se había formado en el ambiente rudo de la comarca y había avisorado el devenir transformador que debía dar al nativo nuevas formas de vida bajo la santa éjida de la libertad.
El 20 de Febrero de 1813 fue la titánica refriega. Por un lado el ejército de la patria y por el otro el de Pío Tristán, que más de una vez sintió rugir el valor argentino. Y la fecha, grabada con caracteres de acero en los anales de la gesta heroica, parece rememorar acciones fundamentales para que el resurgir de la patria libre se prolongue a través de los siglos, cada vez más rica y próspera, cada vez más generosa y humana, abierto el pórtico de su Constitución magnánima para que los libres y buenos del mundo lleguen hasta nosotros a colaborar en la obra magnífica de producir para los necesitados del universo.

La provincia de Salta con una superficie de 154.775 Kms2 poblada por 296.044 hab. (Censo 31.12.47) se ha incorporado al progreso nacional y ha marchado al ritmo de las nuevas normas que se abrían para consolidar el presente. Hoy, con todas sus evocaciones, con todos sus prestigios de predio dilecto, con sus costumbres evolucionadas y la decisión de sus hijos afianzada en el trabajo dignificador y productivo, Salta reúne en su suelo actividades que inclinan el fiel de la balanza económica de la República.
Es rica por lo que guardan y brindan las entrañas de su tierra humífera, que es aprovechada por sus pobladores para la agricultura y la ganadería, fuentes de producción ponderable. La primera nos da tabaco, frutas, hortalizas, uvas con cuyos jugos se da el vino de Cafayate, altamente elogiado por los más exigentes catadores. En la segunda son de destacar las crías de vacunos, ovinos y caprinos.
La tejeduría tiene en las llamas delicada materia prima, que las mujeres laboran con maestría convirtiéndolas en ponchos, mantas y chalinas de inestimable valor. Su petróleo es de primera calidad por el porcentaje de nafta que rinde en su destilación. El tabaco, generalmente rubio, es reclamado por la industria porque rivahiza en algunos puntos con el de Virginia. La provincia de Salta ha sido ensanchada por resolución del gobierno nacional al disponer la división del Territorio de los Andes.
Pasó al dominio salteño el pueblo San Antonio de los Cobres, situado a orillas del arroyo del mismo nombre. A pesar de su reducida población, posee modernos servicios públicos, luz eléctrica, correos, telégrafo, bibliotecas y establecimientos educacionales. Ciudad de Salta Pero hablemos de la capital de la provincia, a la que alguien calificó de “tacita de plata”. Si bien es cierto que la ciudad ha procurado aparearse a las corrientes modernas que alientan otros centros urbanos, no ha podido despojarse de la singular fisonomía que le otorgan sus viejas casonas solariegas, con sus parrales y sus jardines. Hay un rejuvenecimiento edilicio.

Sus calles bien pavimentadas, sus edificios públicos de nuevas formas arquitectónicas, no logran, sin embargo, atenuar la añeja estructura ambiental que la hace grata y acogedora. Junto a una casa moderna, en amable disputa entre el pasado y el presente, están las que sirvieron de albergue a las huestes libertadoras.
Y esto resulta doblemente significativo para el turista que llega para formarse un paralelo espiritual entre lo que se empeña en permanecer allí como disputándolo a la modernidad el derecho de seguir desafiando al tiempo. No quiere decir esto que la capital salteña no se haya vestido de nuevo. Sus autoridades han procurado darle el sello que corresponde a su jerarquía de provincia rica y progresista.
Lo demuestran sus paseos y sus monumentos, sus servicios públicos, sus instituciones educacionales, sus bibliotecas, sus centros culturales y deportivos, sus medios de transporte, que permiten a los turistas trasladarse de un punto a otro para visitar las múltiples reliquias del pasado, los templos; el Campo de Castañares donde se libró la histórica batalla y muchos otros lugares que hablan del valor nativo y evocan hazañas de la lucha por la emancipación.
La ciudad de Salta fue fundada el 16 de Abril de 1582 por Hernando de Lerma.ocaciones y bellísimos contornos.

(GPT│Guía Peuser de Turismo Año VIII - Nº 8 - 1949)

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