Mar del Plata de Antaño

Postal de época coloreada de una vista de Cabo Corrientes en Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires.
Buenos Aires, República Argentina.

(AFJS│Archivo Fotográfico Juan Secco)

Mar del Plata

El primer Balneario de la América del Sud
Esta hermosa e inigualada ciudad balnearia ha sido hecha en sus comienzos a base de corazón por la alta sociedad porteña, ávida de poseer centros de excepcionales condiciones para el veraneo.
No podia adaptarse al círculo concéntrico formado por las riberas del río de la Plata, cuya fama de turbulento y caudaloso le fue otorgada por escritores y poetas. La llegada del riel operó el milagro.
Hombres como Peralta Ramos, Luro, Pellegrini y otros avisoraron su porvenir, y Mar del Plata, con el andar de pocos años, se convirtió en el punto de atracción del mundo elegante argentino, que ya no abandonaba el suelo patrio para ir a buscar en el extranjero lo que había logrado poseer en el suyo.
Y fue desde esos instantes que se operó el desenvolvimiento progresista que hoy caracteriza a dicha ciudad balnearia, sin rival en el mundo, que expandió su influjo porque el crecimiento de la población argentina así lo exigió, dando margen al nacimiento de otras ciudades balnearias que, como Miramar, Necochea y otras, hoy tienen categoría propia. Muchos han sido los calificativos que se otorgaron a Mar del Plata desde que surgió a la vida de nuestra nacionalidad para interrumpir los éxodos de las familias acaudaladas argentinas hacia tierras lejanas.
A decir verdad, no hay título mas justo para ese balneario que el de ser el mejor de Europa, titulo que le otorgaron sin regateos centenares de turistas que pasaron en él gratas horas de esparcimiento, y lo reafirman sus playas magníficas, extensas y sin accidentes y sus grandes conquistas en el orden edilicio y social. Mar del Plata fue fundada el 1 de febrero de 1874. Su vida se inició modestamente.
De las carpas playeras se pasó en pocos años a las grandes exteriorizaciones edilicias, Hoteles, clubes, canchas de golf, construcción de balnearios cómodos, ramblas, instituciones de esparcimiento, caminos, grandes avenidas, plazas públicas, etc., dieron a la ciudad características propias que fueron solidificándose al impulso oficial y privado hasta lograr convertirla en uno de los centros de atracción más importantes de la provincia de Buenos Aires. Bastaron pocos años para que esa acción cristalizara en obras de positiva importancia.
La nueva Rambla Brístol, de aspecto monumental, con sus salones de entretenimiento, tiene la suntuosidad de los más renombrados casinos del mundo. El parque General San Martín, magnífica obra de jardinería y urbanismo, pone una nota de singular sobriedad y es un grato lugar de cita en las noches de estío.
El nuevo boulevard costanero une el Pigeon con el Hotel Centenario. Se extiende sobre la línea del mar, empalma con Playa Grande y bordea los acantilados de Cabo Corrientes y Playa Chica. No menos interesantes son los jardines construidos en la Base Naval y la urbanización de la Playa Brístol. También debe destacarse el camino costanero que conduce a Miramar. La remodelación de las grandes líneas de la costa desde la Playa Santa Elena hasta el Faro Punta Mogotes era indispensable para Mar del Plata por tratarse de una ciudad de eminente función balnearia. Necesitaba el complemento de una iluminación profusa, y así se hizo entre la Perla y el Torreón.
Largo sería enumerar el cúmulo de obras realizadas para dar satisfacción al progreso edilicio, no sólo en lo que a embellecimiento se refiere, sino a los demás trabajos de utilidad general: grandes hoteles, modernos y confortables, edificios públicos monumentales, colegios, hospitales, teatros, cinematógrafos y un conjunto de comercios de primera magnitud que responden ampliamente a las exigencias de loa centenares de miles de viajeros que anualmente se trasladan a Mar del Plata desde todas las latitudes. En la actualidad no ha pasado inadvertida una tendencia que marcha paralelamente con la vida de los pueblos modernos.

La ciudad balnearia que nos ocupa ha dejado de ser un lugar reservado a las familias millonarias del país. La democracia ha entrado también por distintas rutas favorecidas por la diversidad de hoteles que se ajustan a todos los bolsillos. Hoy las familias de abolengo tienen sus lugares predilectos y sus mansiones suntuosas.
Junto a la vida mundana, que fue tradición de la ciudad y que subsiste a pesar de todo, está la vida del comerciante, del industrial y del empleado. Las diferencias se van nivelando por la misma razón que la modernidad impone, sin que ello importe una claudicación, un renunciamiento de principios enraizados o anacrónicos. Sin embargo, cabe destacar que la actividad privada de nuestro mundo elegante cnbrió de alcurnia a las playas. La arquitectura, diversa e insinuante, revela el buen gusto de los que han construido allí sus chalets, sus petit hoteles o sus casonas de campo, que se escalonan en alegre superposición a lo largo y lo ancho de la explanada.
Lugares donde la élite vivió horas de grato esparcimiento, rememoran un pasado que ha de perdurar a través de los años.

(GPT│Guía Peuser de Turismo Año VIII - Nº 8 - 1949)

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