La Plata de Antaño

Postal de época: Quinta de Uriburu (Villa Elisa)
La joya arquitectónica de Villa Elisa: el Palacio Uriburu.
Por el Historiador Roberto Abrodos.

Símbolo de una época en que la aristocracia porteña había escogido Villa Elisa para erigir sus mansiones de verano, el Palacete de Uriburu se perdió allá por el año 60 cuando un incendio lo redujo a escombros.
Su recuerdo sin embargo subsiste en la memoria de algunos viejos habitantes de la zona que lo recuerdan como un castillo de ensueño, desbordante de belleza y poesía.
Francisco Uriburu construyó un magnífico palacete tierras que pertenecían por entonces al partido de Ensenada.
Paralelamente Don Luis Castells levantó su quinta y en homenaje a su esposa, le dio al predio el nombre de "Villa Elisa", nombre que más tarde se generalizó para bautizar con él a todo el pueblo que a su alrededor se fue formando.
Tomasa Elisa Uriburu nació en la ciudad de Salta el 29 de diciembre de 1895 y falleció en Buenos Aires el 2 de Julio de 1910. Sus padres fueron Benjamina Dolores Uriburu Castro y Francisco Paulo Uriburu Patrón, destacado político de la generación del 80 que se desempeñó como Ministro de Hacienda, Diputado y Senador Nacional, entre otros cargos.
Ya en la ciudad de Buenos Aires el 19 de Marzo de 1884 Elisa contrae matrimonio con Luis Castells, inmigrante español nacido en Cataluña.
PALACETE
Este el Palacete de Uriburu fue encargado en 1893 a Gastón Mallet, este arquitecto había nacidó en 1875 y falleció en su tierra natal en 1964. Se formó en la Escuela de Arte de París.
Arribó al país en 1907 para intervenir en la modernización de la ciudad de Buenos Aires, según el modelo urbanístico aplicado en París.
Estuvo a cargo de la construcción del Palacio Dosse, uno de los grandes edificios realizados a fines del siglo XIX y ubicado sobre la avenida Alvear, y también de importantes viviendas particulares.
MATERIALES EUROPEOS
Así, Duplan con materiales traídos de Europa, erigió el palacete de líneas francesas se caracterizaba por sus techos de mansarda negra, torretas, chimeneas y terrazas que le valieron el mote de "Castillo" entre los primeros habitantes de la zona.
Con todo, la finca en que se levantaba no era menos portentosa.
Tras un enorme portal de hierro forjado nacía una avenida de palmeras y coníferas que conducía hacía la casa. Frente a ella había un lago y una fuente con cuatro caballos de bronce. Y a su alrededor, una gruta, una pajarera, una glorieta, una piscina cubierta con una cúpula de vidrio, un invernáculo en el que se cultivaban orquídeas y cuyo domo era tan alto que asomaba entre los árboles, cocheras, caballerizas, una vivienda para los caseros y un monte de frutales conocido por los lugareños como el "monte de Uriburu".
LUGAR DE REUNION
El Palacete de Uriburu era un lugar de reunión habitual de políticos, frecuentado por Dardo Rocha y Julio Argentino Roca entre otros amigos de su propietario. Pero también era un escenario frecuente de grandes fiestas y recepciones.
Como estaba instalado junto a las vías del ferrocarril, en la zona que hoy ocupa un barrio, el tren se detenía junto a su portal de acceso para que bajasen los músicos, chefs, garcons y pinches de cocina con víveres y bebidas.
En esas ocasiones, según se cuenta, la cola de carruajes arribados desde Buenos Aires llegaba hasta el camino.

(AFJS│Archivo Fotográfico Juan Secco)
http://www.eldia.com.ar/edis/20121123/El-Palacio-Uriburu-joya-arquitectonica-Villa-Elisa-norte30.htm

La Plata de Antaño

La Plata. Ciudad Universitaria y Capital del Primer Estado Argentino.
No por conocida dejaremos de referirnos a la ciudad de La Plata, cabeza directriz de la provincia de Buenos Aires, centro de universidades, corazón que con su sístole y su diástole marca rumbos a las 111 comunas que constituyen el acervo estadual de la primera constelación que forma parte de la comunidad federal de la República, con sus enormes riquezas agropecuarias y sus portentosas manifestaciones culturales.

El nacimiento de la ciudad de La Plata fue la visión de un ciudadano ilustre cuyo espíritu progresista lo llevó a echar las bases de una urbe moderna con aspiraciones de verla florecer en contados años.
El doctor Dardo Roche la fundó el 19 de Noviembre de 1882 y desde esa fecha la ciudad capital del primer estado argentino fue aquilatando valores hasta convertirse en la actualidad en uno de los centros vitales más ponderables de la Nación en cuanto a edificación, avenidas, calles, plazas, todo lo cual obedece a una estructuración sabiamente pensada y mejor ejecutada.
Nada hay en La Plata que no sea el resultado de una concepción magnífica que relega hacia el pasado a los demás centros urbanos del país, hechos en base de trazados inorgánicos que luego fueron buscando expansión, cuando su ejido lo permitía, en los cuatro puntos cardinales, porque a sus fundadores les faltó el aliento previsible de un futuro sin precedentes en la historia nacional; el crecimiento desbordante de la República, siempre en marcha, siempre en busca de una mayor grandeza. Nadie intentaría disentir las razones que pudo tener en cuenta el doctor Dardo Rocha.
Todavía se recuerda la cantilena populachera que decía; “Vamos a La Plata — la nueva capital — que allí se gana mucho — con poco trabajar”. Alguien pensó que la fundación de ese moderno centro urbano tenía la finalidad de discutirle a la ciudad de Buenos Aires el derecho de regir los destinos de la República. Algunos políticos — siempre los hay que discriminan por simple sistema oposicionista — vieron con buenos ojos la creación de la nueva ciudad.
Otros, hasta le discutieron el derecho de ser la capital de un poderoso estado argentino, y pretendieron que la cabeza y corazón de esa provincia fuera llevada a Bahía Blanca para evitar que la proximidad de la Capital Federal gravitara sobre La Plata y le restara el verdadero destino que se había propuesto el doctor Rocha, esto es, rectora de un estado que, más que cualquier otro, pesaba en forma concluyente en la balanza de la economía de la República. Pero dejemos esos recuerdos del pasado y hablemos de esa hermosa ciudad que se llama La Plata, de la misión que desempeña, de su categoría, de sus palacios, de sus universidades, de sus monumentales edificios.
Empecemos por referirnos a la Casa de Gobierno, a la residencia de los gobernadores, al palacio de la Legislatura, al Pasaje Dardo Rocha y muchos otros, como la Dirección de Vialidad, el Teatro Argentino, la Municipalidad, el Ministerio de Hacienda, el Tribunal de Cuentas, el Obispado, la Dirección General de Escuelas, en todos los cuales el arte arquitectónico expande sus líneas en los más diversos estilos, siempre severos, en función de armonizar con la idea central de la concepción llevada al máximo de la modernidad. El constante crecimiento de la provincia reclamó también la construcción de otros muchos edificios.
A la atención indispensable que la burocracia reclama para afrentar el cuidado y la defensa de los intereses ciudadanos, no sólo en el orden económico, sino también político, debía asociarse lo que llamaremos expansión cultural para que ejerciera un razonable equilibrio en la balanza del acelerado progreso. Y es así como fue surgiendo en lugar altamente adecuado, en las cercanías del Paseo del Bosque, una verdadera ciudad universitaria, con su centro superior y las facultades de Ingeniería, Química, Derecho, Medicina, Humanidades, Agronomía y Veterinaria, en las cuales nutridos alumnados estudian con el objeto de servir mejor a la provincia y a la Nación.
Este auspicioso conjunto de casas de estudios fue el complemento que, lógicamente, debía darse a los numerosos institutos preparatorios que se hallan en la ciudad de La Plata, como ser: Colegio Nacional, Industrial, Comercial, Normal, Liceo de Señoritas, Escuela Profesional y Técnica de Mujeres. Posee, además, Escuela de Bellas Artes, Aerostación Naval, Escuela de Parteras, Instituto de Investigaciones Superiores. Escuela de Dactiloscopia, Escuela Naval Militar, de Periodismo y numerosos colegios religiosos y un Seminario.
En lo que respecta a construcciones hospitalarias deben destacarse el Policlínico, la Maternidad, el Hospital Naval, el de Cirugía y el San Juan de Dios, en todos los cuales puede advertirse que sus respectivos servicios se rigen por los más modernos adelantos de la ciencia.
En cuanto a la atención sanitaria, está a cargo de numerosos establecimientos dependientes de la Dirección General de Higiene y la Inspección Sanitaria Municipal. Pero volvamos a hablar de la ciudad.
Su feliz concepción urbanística, contemplada desde su plano, nos ofrece el aspecto de una inmensa bandeja en la cual se obsequia a sus habitantes la magnificencia de sus avenidas diagonales hechas para acortar las distancias en todas direcciones y para poner en su cartografía un sello de singular buen gusto. Bellísimas plazas alternan con los cruces diagonales y calles rectilíneas.
Selectos arbolados bordean sus amplios veredones, unos con ejemplares indígenas, otros con especies de apreciable valor botánico, mereciendo especial mención la llamada Avenida de los Tilos, nombre éste que relega a segundo término su nomenclatura numérica, que es la característica de todas las calles de la ciudad.
Como centro de atracción, La Plata es de extraordinaria importancia para el turista. A la vera de sus monumentales edificios y de sus bien trazadas calles y avenidas, está la cordialidad de los platenses y los numerosos lugares donde se hace grata la vida del viajero. Bastaría decir que dentro del radio urbano la ciudad cuenta con veinte plazas, cuatro jardines, uno de los cuales lleva el simbólico nombre de la Paz, y seis parques, en todos los cuales es digna de ser admirada la dedicación y el cuidado de hábiles jardineros que tienen a su cargo el arreglo de las corbeilles, los parterres y los canteros principales, en los que asoman magníficas colecciones florales.
Y un poco más allá de la urbe, el bosque, que comprende una extensión de 60 hectáreas, frondoso y acogedor, con su Jardín Zoológico, su Observatorio Astronómico y su famoso Museo de Historia Natural, que atesora valiosísimas colecciones y piezas únicas en el mundo, como ser el esqueleto completo del Megatario Pampeano y otro del Toxodonte. Ese museo, fundado en 1884 por el explorador Francisco P. Moreno, es centro de estudio para muchos sabios extranjeros que han llegado al país atraídos por las mentas de esas maravillas prehistóricas.
Durante muchos años fué su director don Florentino Ameghino, el prestigioso sabio cuya fama ha trascendido también los límites de la patria. Muchos son los viajeros que detienen sus pasos en ese centro demostrativo de la vieja fauna argentina cuando se dirigen al bosque, y muchos son también los que se trasladan al balneario Punta Lara, situado sobre el río de la Plata, en el cual una cuidadosa urbanización hace de ese lugar un sitio realmente maravilloso, pues está dotado de todas las comodidades imaginables que le otorgan la categoría de un balneario de primera clase, con una hermosa playa, excelentes edificios, abundantes confiterías, restaurantes, entretenimientos y una frondosa arboleda.
Debemos destacar que la urbanización de ese balneario responde a una iniciativa del Jockey Club de La Plata, que posee también en el Bosque una de las pistas de carreras mejores de la República.

(GPT│Guía Peuser de Turismo Año VIII - Nº 8 - 1949)

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